Félix Weil, hijo de
un millonario, funda un instituto de marxismo, con la esperanza de poderlo
entregar algún día a un victorioso Estado Alemán de consejos obreros (Wiggershaus [1986] 2011: 19)[1].
Esta breve cita del extenso trabajo de investigación del alemán Rolf Wiggershaus sintetiza lo que serán prácticamente los diez primeros años de vida del Instituto de Investigación Social (Institut für Sozialforschung, IfS) en Fráncfort del Meno, Alemania bajo la dirección de Weil, su fundador, y su director[2] Karl Grünberg. La cita es fundamental porque no surge solamente de la imaginación o el deseo de Félix Weil, sino de la situación que impera en Alemania y, en general, en el mundo, cuya tendencia señala la posibilidad de poner fin al capitalismo[3]…
Marx había sentenciado que al capitalismo le sobrevendría inevitablemente por vía de la revolución (la violencia es la partera de la historia era su metáfora) la administración colectiva de la sociedad en manos de la clase trabajadora. Clase engendrada por las fuerzas capitalistas de producción:
El Instituto de Fráncfort y toda la historia moderna del planeta está atrapada en esta encrucijada histórica y no habrá avance sin conjurar ese hechizo: los muertos atrapan a los vivos… Todas las experiencias políticas significativas de la humanidad van y vienen de ese centro ¿¡No han sido un eco del centro de la opresión los procesos de liberación!? ¡¿No aprendieron de Marx Lenin-Lumumba-Mao-Guevara o Fidel!? ¡¿No fue el grito africano de Toussaint L’Ouverture en la revolución de Haití hijo de la Francia revolucionaria de Voltaire y Montesquieu, que puso en práctica en el corazón de Europa Maximilien de Robespierre!? ¡Y cómo paga ese atrevimiento hasta hoy el Haití revolucionario de ayer!...
Es necesario conocer-diseccionar los resortes de la anatomía del capital frente a la revolución social en la que estaba inserto el Instituto de Fráncfort, porque el Instituto mismo se había propuesto esta tarea que no sólo quedó trunca, sino que ha sido ocultada y envilecida. O mejor, suplantada por el envilecimiento de sus portavoces que se acoplaron a la ideología que imponía e impone el imperio, y que la academia y la política oficial exhiben como sus ídolos de papel[6]. El imperio no es una expresión ideológica sino el resultado de las magníficas fuerzas productivas de las fábricas de ayer, que le dieron el protagonismo mundial al Reino Unido en el Siglo XIX; del capital acumulado en “The City”, el centro financiero de Londres, de la cancillería de hacienda de “Downing Street”, etc. Cuesta imaginar la montaña de oro acumulada en el Banco de Londres durante los Siglos XIX y XX. Pero, si hasta el oro de la saqueada Venezuela está retenido en las bóvedas del viejo imperio del mar y del mal, que se potenció al infinito con su hijo bobo en el norte de América para reforzar este dominio imperial a escala global hasta la actualidad.
No se trata solamente de revisar la conducta, el proceder del staff político-militar-judicial y académico del capital [o sea, eso es el establishment], sino de apreciar cómo reacciona como un organismo todo que se defiende de la revolución, de la lucha de los pueblos en general por su liberación, para eternizar un sistema ya caduco: los males generales que provoca están todos en esta raíz social de la naturaleza constructiva/destructiva del capital imperial, de fuerzas de producción anárquicas, desquiciadas que atentan contra la supervivencia misma de las especies en la tierra. De analizar de modo global la reacción política del establishment anglo/sajón, contra este proceso de liberación. El rol de la academia con su alfil de primera línea porque venía de la Austria roja a venderse a las filas del capital: esta reacción patológica de los asustados con la revolución que buscan cobijo en la Commonwealth a cambio de los honores que la academia da a los lacayos del capital[7]. Son los que emprenden la sucia tarea para cubrir de lodo a los principales protagonistas revolucionarios y montar un escenario que habilite su negación, tanto de los protagonistas como de las ideas que motorizaron durante tres décadas un intento internacional de liberación de la prehistoria humana de explotación y opresión:
¡Suena tremendo! ¿no?!... ¡¿Se puede decir menos de la “Primera Guerra Mundial”?! ¡¿De la revolución alemana frustrada?! ¡¿De la “República de Weimar” que se entrega y que cae ante Hitler?! ¡¿De la revolución en la física cruzada por la misma crisis?! ¡¿De la revolución rusa traicionada, y todo este convulso escenario precipitándose a la vez?! Todo a la vez porque todas estas experiencias son hijas del mismo contexto.
Hoy, cuando no sólo la militancia ideológica que pretende heredar aquel proceso sino diferentes referentes intelectuales o luchadores y luchadoras populares se preguntan si no habría que rehabilitar el ideal del socialismo[8] es obligatorio volver a aquel momento histórico, porque nada consciente habrá que podamos hacer sin ‘exorcizar’ aquel tránsito trágico que nos tiene atrapados con las mismas fuerzas de ayer, pero remozadas de vicios, distracción, exceso de producción, concentración de riquezas, guerras y destrucción ¡apocalíptico ¿¡no?!... Se trata de entender, y para entender hay que ir a la raíz de todos los males, asumir el estudio de la complejidad científico/política de este proceso histórico para poder comprender su repercusión en la cultura toda y poder actuar hacia el porvenir.
Como un hechizo del demonio el planeta entero está atrapado por esas tres décadas que conmovieron al mundo y esos muertos, nuestros muertos, su dignidad y coraje de ayer nos tienen atrapados a los vivos reclamándonos la exegesis para que podamos vivir libres y construir el devenir. Para negarnos esta necesidad y este derecho la ideología del capital dota de poderosos megáfonos a sus ‘liliputienses intelectuales’ que vienen anunciando el fin de la historia, el fin del arte, el fin de los grandes relatos, etc., etc., cuando más necesitamos construir no un gran relato (expresión decadente y prosaica) sino reflexionar sobre una filosofía del devenir, con los poderosos recursos científicos y tecnológicos de la teoría social de ayer y de hoy.
Vayamos a ese momento histórico: Alemania se debatía en medio de la crisis que llevó a la “Primera Guerra Mundial” y que se saldó con la derrota de Alemania y la emergencia de un movimiento revolucionario que imponía en amplias regiones del país la dirección social en manos de “Consejos Obreros” (soviets) estimulados por las formas de organización que habían llevado a los trabajadores, campesinos y soldados al poder en toda Rusia y las naciones bajo su influencia a partir de la “Primera Guerra Mundial”. Este es el contexto en el que se crea el instituto de Fráncfort.
De Bundesarchiv,
Bild 146-1976-067-10A / CC-BY-SA 3.0, CC BY-SA 3.0 (se agradece el uso de la
foto al Bundesarchiv, Bild)
Mientras la revolución se desarrollaba en la calle, en los cuarteles, en las universidades y en las fábricas, en el Instituto Grünberg alentaba el ideal socialista en un marco de gran libertad para los estudios superiores. La diferencia es que ahora cualquiera podía graduarse o realizar su tesis doctoral alentado por cualquier ideología o punto de vista, la perspectiva socialista tenía la misma libertad que cualesquiera otra:
En Fráncfort Grünberg había creado una situación única para el medio académico alemán, y no solamente para el alemán. El marxismo y la historia del movimiento obrero se podían ahora enseñar y estudiar en la universidad y quien quisiera podía doctorarse en temas de este campo. Ahora existía en Fráncfort un profesor numerario en ciencias económicas del Estado que se pronunciaba en favor del marxismo, existía un instituto afiliado a la universidad (…) dedicado especialmente a la investigación (…) desde el punto de vista marxista y en el cual podían dar conferencias (…) Karl Korsch, o los austromarxistas Max Adler, Fritz Adler y Otto Bauer (…) La edición de las obras de Marx y Engels fue reconocida de facto como un trabajo científico que debería estar incluido en el campo de tareas de la universidad (Wiggershaus [1986] 2011: 49).
La tarea que desarrolló el Instituto bajo la dirección de Grünberg fue enorme, no sólo desde el punto de vista académico, o mejor dicho la actividad académica no estaba divorciada del contexto histórico y político:
En 1922 recibió un llamado de la Universidad de Fráncfort y, al mismo tiempo, la oportunidad de construir, junto con Felix Weil, un instituto dedicado al socialismo científico (…) En 1919, Grünberg había propuesto (…) fundar en Viena el Instituto de Estudios e Investigaciones, según el modelo del ‘Musée Social, de París’ (…) Ahora, en la oferta de Weil, Grünberg veía la oportunidad de poder realizar todavía sus propios planes bajo la dirección a su cargo. Félix Weil, por su parte, había encontrado en Grünberg un director del instituto que era tanto un convencido marxista como un reconocido científico. Sin embargo, en su actividad científico-teórica, Grünberg fue más allá del ámbito académico. Él fue uno de los iniciadores de las universidades populares de Viena y de la Asociación Educativa Socialista (Wiggershaus [1986] 2011: 35-36-39).
El instituto se transformó no sólo en una unidad académica de estudios superiores sino en un centro intelectual y político de referencia para el proceso de la revolución en Alemania y en diferentes países del mundo, fundamentalmente con la naciente U.R.S.S. Evaluadas en retrospectiva, las extraordinarias y originales iniciativas han quedado ensombrecidas, cuando no olvidadas por el curso ulterior de la vida del Institut. Sorprende la libertad de movimiento profesional entre países: Grünberg puede pasar -sin mucho trámite- de Viena a Fráncfort, y son innumerables los casos similares que se dan en el periodo, que incluyen el tránsito entre París-Londres-Ginebra… Es esta misma libertad en un periodo histórico convulsivo la que permite el avance, la comprensión y aplicación del pensamiento científico a la multifacética realidad de los fenómenos sociales y culturales. La transformación social era un objetivo que se concebía y se enfrentaba con todos los recursos necesarios para su realización. El Instituto de Fráncfort se dotó de todos los elementos y condiciones necesarias para una actividad de esta naturaleza:
Las tomas fotográficas se llevan a cabo en su mayor parte en el Institut für Sozialforschung, de Fráncfort del Meno, bajo el control constante de los colaboradores (…) la colaboración del SPD y el Instituto de Moscú, hecha posible por la función mediadora del Institut für Sozialforschung, iba todavía más allá. En 1924 se llevaron a cabo “negociaciones entre el Instituto Marx-Engels de Moscú, y la Gesellschaft für Sozialforschung (Sociedad de Investigación Social), en Fráncfort del Meno, por un lado, y el Consejo Directivo del Partido Socialdemócrata de Alemania, por el otro, negociaciones que tuvieron el resultado (…) de que se funde una editorial científica de interés común en Fráncfort del Meno, la cual, aprovechando los manuscritos existentes en el archivo del SPD en Berlín, llevara a cabo una edición de las obras completas de Marx y Engels, en aproximadamente 40 tomos (Wiggershaus [1986] 2011: 47).
La Aurora de la Humanidad-Ahogada en Sangre y Fango
La perspectiva de Kautsky, la perspectiva de Scheidemann, la perspectiva de Ebert del tránsito pacífico al socialismo, que habían aprendido del revisionista Eduard Bernstein, de Émile Durkheim, esos lacayos diplomados del capital, no sólo traicionaba los principios básicos del socialismo ante la revolución, sino que no cumplía siquiera con sus objetivos reformistas.
El ala mayoritaria del SPD (Partido Socialdemócrata Alemán) había llegado repentinamente al poder, pero, frenaban toda iniciativa transformadora siquiera en términos reformistas que atentara contra la concentración del capital. La palabra “socialización” estaba en boca de todos después de la revolución de noviembre, pero como un lema ambiguo. Los socialistas en el gobierno afirmaban: Solamente la socialización, la transición planificada y comenzada oportunamente, hacia el Estado socialista, es capaz de evitar una situación en la que una cosa (la empresa capitalista) se haya ya terminado, y la otra (la empresa socialista) no exista todavía. Conservación de las empresas, transición hacia una forma socialista de conducción que fomente la colaboración y de un espacio para la cogestión. Si no se hace esto, el bolchevismo lo hará por otros medios (cfr. Wiggershaus [1986] 2011):
Los dictámenes y proyectos de ley para la socialización de minería del carbón, para la constitución de comunas, para la estatización de la pesca y del sector de seguros, no solamente no fueron publicadas, sino que el Ministerio de Economía del Reich intentó también modificarlas. Como respuesta a esto, los miembros de la Comisión de Socialización renunciaron a sus cargos con una protesta por escrito en contra de la actitud del gobierno. Wilbrandt regresó resignado a su cátedra de Tubinga (Wiggershaus [1986] 2011: 21).
El engaño con promesas socialistas a los intelectuales, a los académicos, a la militancia que creía en la promesa del tránsito pacífico al socialismo ¡extraño tránsito pacífico al socialismo votando créditos para la guerra! Esa docta perspectiva de Ebert y sus aliados los llevó a Hitler[9], porque unió con su conducta la autoridad del socialismo con la naciente reacción derechista contra la revolución y sus líderes.
¡Hablemos
claro! La estrategia del tránsito pacífico llevó a Hitler y a la “Segunda
Guerra Mundial”, y esta no es una opinión sino hechos históricos. La estrategia
de los revolucionarios que miraban el mundo como es: dividido en clases
irreconciliables llevó a Lenin y a Trotsky, a los soviets y a la paz… Ahhh,
pero vendrá el académico y dirá: pero Lenin no nos llevó al paraíso como anunciaba
Marx sino a Stalin. Ahhh, digo yo, me gustaría tener a un académico de este
tipo enfrente para contestarle. Acaso los antecedentes de la burguesía
mercantil contra la sociedad de la servidumbre no se iniciaron en las “Ciudades
Estado” del Mediterráneo, cinco siglos antes de que Robespierre usara la
guillotina para terminar con los herederos del papado.
La revolución y sus
protagonistas abren caminos nuevos, siembran futuro, no son magos.
Cuando
Ebert, al frente del Gobierno provisional fue rodeado por la dirección de
la revolución instalada con Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo en el “Palacio
Imperial” de Berlín (sede de electores), donde habían creado junto al
socialismo independiente un gobierno paralelo escoltados por la «División de
Marineros del Pueblo» (Volksmarinedivision), entró en pánico y llamó en
su auxilio a una compañía de caballería de la antigua Guardia Real,
mandada por un general aristocrático, porque la policía de Berlín estaba bajo
las órdenes del socialista independiente Emil Eichhornal, aliado al KPD (Kommunistische Partei
Deutschlands) de Rosa Luxemburgo y Karl
Liebknecht, que tenían tomado el “Palacio Imperial”, sede del gobierno de
Ebert.
Sí hasta Einstein fue convocado por los ‘asustados’ socialistas en el poder para que intervenga ante el KPD, el USPD y los soviets de trabajadores y estudiantes, para que depongan las acciones revolucionarias. Pero los reformistas sin reformas y aliados del militarismo habían perdido toda autoridad:
Verdaderamente se ha conseguido algo grande. Ha desaparecido el culto al militarismo (…) aquí el ejemplo ruso domina (…) en la Academia, las sesiones son curiosas: la mayoría de estos ancianos caballeros están desorientados y estupefactos. Consideran los nuevos tiempos como un triste carnaval [10], y añoran la vida de otras épocas, cuya desaparición equivale para nosotros a una liberación. Cuando pienso en Treistschke en el claustro de la universidad, con su porte arrogante y fanfarrón y su prominente barriga, me parece volver a ver un mamut de la época glaciar de Bismarck: era entonces un dios al lado del superdios Bismarck, que, de repente aparece ahora a la multitud tal como nosotros lo habíamos visto siempre ¿Se podrá sobrevivir a esta cura de caballo? (…) yo no me dejo apartar de mi optimismo. Tengo una reputación de socialista irreprochable; por consiguiente, los héroes de la víspera vienen a hacerme zalemas, creyendo que yo puedo impedir su caída en el vacío ¡Menuda gente! (Einstein, A. “Correspondencia con Michele Besso, Tusquets, Editores, Barcelona, España.)
Recordemos que Einstein libraba una batalla paralela en la academia y los laboratorios contra el escepticismo que se estaba inculcando desde la filosofía y la ciencia. Es en este terreno donde el establishment recluta bomberos contra la revolución[11] e instala la base’ científica’ del escepticismo.Einstein posted a sign on his classroom’s door that read “CLASS CANCELLED—REVOLUTION” He had joined with and defended liberal and radical students and colleagues for their wartime opposition; now he was with them in their postwar resistance to the burgeoning revanchist militarism that would quickly morph into Nazism.
https://archive.monthlyreview.org/index.php/mr/article/view/MR-057-01-2005-05_1
Los ‘socialistas’ reformistas recurren a la fuerza y a la infamia. El 4 de enero de 1919 Ebert destituye al jefe de la policía (miembro del socialismo independiente favorable a la revolución: USPD [Unabhängige Sozialdemokratische Partei Deutschlands]) y ello genera una huelga general en Berlín que se extiende por toda Alemania: Hitler no nació de un repollo, lo incubó políticamente el revisionismo, en ese contexto, con su traición a los principios que desarmaron la acción revolucionaria desde el poder alcanzado:
¿Por
qué Ford recibió una medalla Nazi? Pregunta al futuro [el cartel del niño de
ayer] y yo trato de responderle…
Cuando
el Partido Obrero Alemán (que con Hitler pasaría a llamarse Partido
Obrero Nacional Socialista Alemán) no era nada, el antisemita Henry Ford
le vio futuro contra la revolución [que expropiaba al capital tras los
Urales] y comenzó a financiarlo con cinco millones de dólares al año,
luego se sumaría la IBM, que hasta financió y proveyó las tarjetas con las que
Hitler acomodó a los judíos, polacos, gitanos, prisioneros de guerra,
comunistas y disidentes del régimen en Auschwitz (¿cómo creen que se pagaba
toda la propaganda, la vestimenta, etc., del partido nazi en una Alemania en
bancarrota?). En un encuentro del presidente
de IBM Thomas Watson con Hitler, éste había premiado al empresario
norteamericano con una medalla para los extranjeros dignos del Reich alemán.
Los revisionistas temían más a la revolución que la acción derechista y militarista a la que, también, habían incubado y fortalecido votando los créditos de guerra para aumentar la fuerza del militarismo alemán. Será Noske, el ministro ‘socialista’, quien había actuado de bombero en Kiel separando a los marineros de los obreros fabriles y con promesas ‘socialistas’ los indujo a devolver las armas, quien ahora frente al avance de la revolución busque ayuda en los Freikorps[12]. El gobierno ‘socialista’ acorralado por la revolución une al militarismo aristocrático y a las bandas derechistas de los Freikorps, en una batalla campal contra la revolución. Los Freikorps y el militarismo aristocrático mejor disciplinados derrotarán por las armas a las milicias de obreros y soldados unidos a la revolución. La revolución de noviembre que se había extendido por toda Alemania será derrotada en Berlín y permitirá a la oficialidad aristocrática tomar prisioneros a sus líderes y asesinar a Rosa Luxemburgo y a Karl Liebknecht[13]. La derrota en Berlín de la “Revolución de Noviembre” no significa la derrota de la revolución alemana en general (algo que ponía en evidencia su enorme vitalidad), su curso sigue con la instalación de experiencias soviéticas en diferentes ciudades de Alemania, pero su poder ira descendiendo a medida que el aliento a la contrarrevolución y el militarismo será promovido desde el mismo ‘socialismo’ en el poder: sus líderes, sus militantes, el pueblo en lucha lo pagaron muy caro [y nosotros, también, con la hipoteca del futuro].
“Hasta aquel momento, el fascismo solamente había llegado al poder en Italia, donde protegía a la economía ‘liberalista’ ante las pretensiones proletarias (…) Pero como movimiento, existía en la mayor parte de los países de Europa” (Wiggershaus [1986] 2011: 143).
Este es el desenlace de la revolución alemana, es el contexto en que asumirá su breve estadía en la dirección del Instituto Max Horkheimer: toma la dirección en 1931 y el Instituto es cerrado en 1933 por los nazis. La muy conocida “Escuela de Fráncfort” es otra historia que se escribirá mucho después, cuando Horkheimer y sus aliados disfruten del’ ocio creativo’ con los fondos que se llevaron de Alemania a Bruselas y, entonces la academia, sobre todo la norteamericana, les abrirá las puertas, y el mundo académico occidental en general comenzará a escribir la historia permitida, vulnerando toda ética, creando sus héroes de papel.
La asunción de Max Horkheimer en la dirección del Institut für Sozialforschung de Fráncfort del Meno tuvo todo el carácter de una defección, desde su discurso inaugural y todos los pasos que se fueron dando, para separarse definitivamente primero y arremeter después contra el pasado revolucionario del legado que -merced a las presiones políticas- vino a caer en las manos de quien poco o nada había hecho para merecerlo:
Durante sus días de estudiantes en Múnich en 1919 Horkheimer y Pollok fueron testigos no participantes de las actividades revolucionarias (Jay, Martin ([1973] 1989: 56).
En la época de la República de los Consejos Obreros de Múnich, época que por lo demás experimentó más bien desde una distinguida distancia. Después de un semestre se fue con Pollok a Fráncfort del Meno, debido a que en Baviera (…) la vida en Múnich se le había hecho demasiado peligrosa (…) escribió en el verano de 1920 a Maidon, de la cual estuvo viviendo separado en los primeros años de sus estudios, hasta que finalmente ella también llegó a Kronberg, un suburbio residencial cercano a Fráncfort, al pie de la Cordillera del Taunus, donde él y Pollok se habían comprado una magnífica residencia (Wiggershaus [1986] 2011: 62).
En función del legado que tenía que defender desde la dirección del instituto, acorde a sus propósitos fundacionales, Horkheimer carecía de la experiencia y la formación necesarias, pero se las había arreglado para pivotear en ese escenario inestable hasta alcanzar sus objetivos[14]: fue favorecido por su experiencia nada comprometida, en momentos que comenzaba a cerrarse un cerco sobre la vía revolucionaria que se estancaba y era amenazada por la creciente influencia de la expresiones de derecha, como el nazismo.
En
Pollok había confiado Félix Weil para que administrara los generosos recursos
que la fortuna de los Weil suministraba al Instituto, en función de afirmar las
ideas del marxismo en el mundo académico, pero Pollok formó una sociedad con
Horkheimer (con quien tenía una amistad desde la época de estudiantes) donde el
norte de la actividad giraba alrededor de garantizarse mutuamente el mejor
pasar[15].
Mientras el fascismo
emergía como garante de la tasa de ganancia de la burguesía europea en crisis,
los teóricos críticos comenzaban una carrera donde figuraba en primer
lugar la garantía de una vida de privilegios:
Horkheimer se preocupó de forma excesiva por dar una base material privilegiada a esta comunidad matrimonial, a través de acuerdos por escrito (…) solventados por la Gesellschaft für Sozialforschung (sin límite alguno y sin solicitar comprobantes). (Wiggershaus [1986] 2011: 141-142).
El itinerario de la vida en el exilio no hará sino profundizar el aprovechamiento de una institución y su nombre en función de los más variados acuerdos que les reportarán beneficios económicos y reconocimiento intelectual, para lo que no dudarán en estrechar lazos con el sionismo internacional, el Estado norteamericano y la fundación Rockefeller...
Aquí saco a relucir todos mis prejuicios:
Horkheimer ¿no es la imagen misma del cretino? ¿No nos
recuerda al Fagin de Polansky? el personaje de la Novela de Dickens
“Oliver Twist”, donde se lo describe como “receptor de bienes robados”.
El pelado Adorno es el look mismo del “petimetre”. Jürgen Habermas: todo un señorito arreglándose el pelito.
Se habían fijado como meta
cortar poco a poco todo vínculo con el programa y los propósitos fundacionales del Institut für Sozialforschung:
A aquellos cuyo trabajo se movía en el espectro de temas de la época de Grünberg (…) –por el desplazamiento del punto focal del trabajo del instituto- (…) los temas que antes tenían un monopolio se convirtieron en un campo de interés entre otros, y solamente desempeñaban un papel marginal en el trabajo colectivo que había sido declarado como el centro de interés del instituto tuvo que parecerles cómo o una degradación y una traición (Wiggershaus [1986] 2011: 57).
Lo asombroso es que actualmente en el mundo académico se sigue asociando el nombre de este personaje (Horkheimer) a la vida y la obra de Marx (e inclusive se consideran sus ‘fragmentos’ filosóficos como continuadores y hasta superadores del materialismo histórico); alguien que desde el comienzo de su actividad al frente del Institut für Sozialforschung de Fránkfurt cortó todos los lazos que unían al Institut con el insigne nombre y la teoría de Karl Marx:
En enero de 1931 Horkheimer se instaló en su nuevo puesto. En la ceremonia de apertura, habló sobre las condiciones actuales de la filosofía y la tarea de un instituto de investigación social. Las diferencias entre su enfoque y el de su predecesor se pusieron inmediatamente de manifiesto. En vez de titularse un buen marxista, Horkheimer se volvió hacia la historia de la filosofía (…) por el apoyo de la teoría en el individuo que había caracterizado al idealismo alemán (Jay, Martin [1973] 1989: 58).
El intelectual, el académico que corta sus lazos prácticos con el ‘drama comunitario’, está condenado a hipertrofiar el valor del conocimiento puro; entonces se le impone naturalmente que la teoría es una invención y por lo tanto cree poder en base a puro cerebro idear cualquier otra teoría mejor. Es lo que ocurre con los frankfurtianos herederos de la iniciativa revolucionaria que se gestó al calor de los Consejos Obreros de la República de Weimar. Ellos creen poder hallar una teoría mejor, superadora de la gestada por Engels y por Marx y en ello ponen su empeño, iniciando una serie de investigaciones del ‘mundo del trabajo y de la sociedad’ en sus más diversas manifestaciones. El presupuesto de que la iniciativa de la investigación interdisciplinaria les daría la ‘materia prima’ para elaborar la excelsa filosofía que prometen se disuelve en la nada, cuando comprueban que todos los datos y análisis efectuados no les permiten construir filosofía alguna y mucho menos una superadora de la filosofía de Marx. La pretensión superadora se disipa en una serie de fragmentos inconexos y contradictorios entre los escritos de Horkheimer y de Adorno:
No había un paradigma unificado, tampoco un cambio de paradigma, al que pudiera supeditarse todo aquello que se incluye cuando se habla de la Escuela de Fráncfort. Las dos figuras principales, Horkheimer y Adorno, trabajaban en temas comunes desde posiciones claramente distintas (…) Adorno representaba un pensamiento micrológico-mesiánico que lo vinculaba estrechamente con Walter Benjamín (…) Horkheimer (…) prácticamente había abandonado su programa de una teoría interdisciplinaria de la sociedad (Wiggershaus [1986] 2011: 11-12).
Nunca más apropiado traer a colación la sentencia de Marx que les recuerda Karl Korsch: Ustedes no pueden superar la filosofía sin realizarla (Wiggershaus [1986] 2011: 26).
¿Quieren otros datos [para abrir el razonamiento] los intelectuales que dicen que Lenin no nos llevó al paraíso de Marx sino al Gulag de Stalin?:
La dirección revolucionaria de Lenin y Trotsky en la naciente Unión Soviética fue enfrentada por el “Ejercito Blanco” y un conglomerado político de aristócratas zaristas, Kadetes, liberales, mencheviques, etc. quienes recibieron el apoyo de fuerzas japonesas, británicas, francesas, canadienses y estadounidenses. Estas potencias aportaron al “Movimiento Blanco” dinero, asesoramiento militar, trenes, acorazados y artillería pesada:
En
la foto anterior se pueden ver las tropas de EE. UU. cuando toman Vladivostok
en agosto de 1918: Vladivostok está en el lejano oriente de Rusia, entre Japón
y la frontera oriental de la naciente Unión de los Soviets. O sea, la
revolución tenía ese doble puñal en sus espaldas porque japón era uno de los
aliados. Y luego vienen los que se preguntan:
¿Cómo surgió Stalin…?
¿Qué pasó con la promesa?
el día que el triunfo alcancemos
ni esclavos ni hambrientos habrá
la tierra será el paraíso
la patria de la humanidad.
¿De verdad se puede hacer esa pregunta sin ponerse
colorado?
Pero, no por asumir el compromiso
Sino por cubrirse de vergüenza…
Además, entre marzo y abril de 1918 un cuerpo expedicionario aliado intervino en la Siberia Oriental. El “Ejército Rojo” se creó y se forjó, al mando de León Trotsky en esas circunstancias. El prestigio y la moral de quien había sido el presidente del “Primer Soviet de Petrogrado”, centro de la revolución rusa, le permitió levantar a las masas de campesinos, obreros y soldados para enfrentar a este enorme enemigo y vencerlo. Este prestigio y esta moral del líder de octubre traspasaba las fronteras y ese era su mayor potencial.
Veamos, con más detalle, la intervención de una de las potencias contra la “Revolución de Octubre”, para entender el desenlace trágico: La revuelta en los barcos franceses oponiéndose a la intervención francesa en contra de los bolcheviques comenzó con un motín el 16 de abril de 1919 en un puerto fluvial en el Danubio, con acceso al Mar Negro, de la ciudad de Galatz[16], motines que se fueron expandiendo hacia el Puerto de Odessa, y el 20 de abril se replican en los dos acorazados que Francia había mandado, también, a Crimea: los marinos sublevados izan la bandera roja junto a la bandera francesa:
El
23 de abril desde otro acorazado el Waldeck-Rousseau se traslada a los
principales amotinados (más de 100) hacia la ciudad de Constantinopla
(actual Estambul) para someterlos a un consejo de guerra, pero en este mismo
barco se reproduce otro motín. El consejo de guerra fue una parodia para
acordar con los amotinados que fueron rápidamente amnistiados y Francia comenzó
a retroceder en su ataque a la naciente Unión Soviética. La fuerza del
Ejército Rojo no estaba en sí mismo sino en su autoridad moral y su compromiso
inicial con la paz y la solidaridad entre los pueblos: eso lo entendieron
los soldados, los obreros, los campesinos de la mayoría de los países de la tierra [17],
y por estas razones el “Movimiento Blanco”, aunque contaba con el apoyo de los
políticos y militares de las potencias más grandes del planeta se hundió:
El Waldeck-Rousseau fue
un crucero acorazado con el que el gobierno de Francia mandó a detener a
los amotinados, y que, también, se amotinó.
Cuando
los esbirros de Stalin (quien ya controlaba todos los resortes del partido y el
Estado) fueron envenenando con arsénico progresivamente a Lenin enfermo para
que no se recuperara y muriera (así lo denuncia Trotsky en su autobiografía “Mi
Vida”); cuando en 1927 la burocracia logra aislar y derrotar a Trotsky quien
será expulsado de Moscú. EE.UU. la premiará y la Ford cruzará los Urales para
montarle una fábrica a Stalin en Nóvgorod en el tan temprano 1929.
… ¡Y luego vienen los intelectuales escépticos y afirman que Stalin es la continuidad de Lenin…!
¡Magia de Stalin y la Ford! ¡No! solapado trabajo sucio de la burocracia que venía tejiendo lazos a través de los líderes ‘comunistas’ de los sindicatos británicos y los norteamericanos con Lloyd George [Primer Ministro británico en este periodo convulsivo: 1916-1922: algo que Trotsky, también, denuncia en su autobiografía “Mi Vida”) y Theodore Roosevelt (el presidente norteamericano) respectivamente: el capital ‘sabe poner huevos en todas las canastas’ porque siempre encontrará en medio de la lucha más noble a quienes están dispuestos a venderse: la diferencia entre Lenin y Stalin es la misma que entre Trotsky y Stalin en la que uno estuvo dispuesto a venderse y el otro no. En cualquier lucha, cuando adquiere un grado de profundidad, por más modesta que sea, uno puede apreciar que todas las potencias están latentes acorde a los caracteres sociopsicológicos de sus protagonistas. Están los más abnegados y honestos. Están los que vacilan por temor. Los oportunistas que evalúan en cada momento que les conviene más, dónde encontrarán lo que los beneficiará sin importarles lo más mínimo el sentido de la acción… De este modo siempre se forma un cuadro que evolucionará más o menos acorde a esos caracteres: si la lucha se fortalece y triunfa se potencian sus protagonistas más abnegados, honestos y audaces. Si la lucha retrocede se los culpará y pagarán un precio. Si la lucha es tan profunda, como en una revolución, su vida estará en juego, como lo estarán los premios para los oportunistas y en especial para los traidores.
Lo que el intelectual de gabinete no entiende es que haya quienes estén dispuestos a dar la vida por sus ideales, aunque ello sea observable a través de la historia de forma repetida y no necesite ningún trabajo de investigación. Lo que la intelectualidad academicista no ve es lo que se presenta ante sus ojos, porque ella se encuentra sumida en su ‘sesuda’ investigación de gabinete llevando papeles de aquí para allá, y colocando sellos tras la zanahoria del ‘prestigio’ y el buen pasar, con el ascenso que advendrá. Los rigurosos principios académicos le dictan a la intelectualidad que no puede hacer contra fáctico: no importa sí, a título de hipótesis, los mejores centros de investigación de la tierra lo practiquen a diario con excelentes resultados, obvio, en interés del capital (y, también, en beneficio de la humanidad: no somos tan necios, el capitalismo es un sistema que todo lo revoluciona, justamente, por ello caerá). Decimos contra fáctico porque ¡Miren que sencillo! ¿Cómo creen que hubiese actuado Lenin en la crisis de 1929 que llevó a la “2º Guerra Mundial”? Si tenemos en cuenta que sólo contando con su pluma pudo abrirse paso en la “1º Guerra Mundial” e imponer la paz, incluso a costa de la derrota de su país porque su punto de vista era internacional y se apoyaba en la evolución de los trabajadores de todos los países[18].
También está la intelectualidad que afirma que la revolución de octubre fue un ‘putsch bolchevique’ minoritario. Mostremos sólo una imagen (que se repetía con diferencias en cada ciudad y el campo) de los protagonistas centrales de la revolución, del ‘corazón’ del octubre rojo para darnos una idea de su dimensión:
Esta foto corresponde a una de las sesiones del “Soviet de Petrogrado” del año 1917, más precisamente del mes de agosto, que no fue el más decisivo ni el más participativo: la imagen muestra una cuarta parte de su salón. Repárese en la dimensión organizativa, con la serie de ‘escribientes’, de la cantidad de delegados que poseen un pupitre para tomar notas, etc., el hormiguero organizado colectivamente, la colmena, la comuna ¡Qué bello mundo tendríamos si no hubiese caído!: a esta adorable imagen le temía el Zar, le temía Kerensky y sobre todo el capital, por ello el “Movimiento Blanco” la diezmó, con el apoyo de las principales potencias de la tierra: este era el ambiente natural de Lenin y fundamentalmente el de Trotsky. Después vino la zanahoria del capital, que le dio músculos al burócrata para arrasar con la sufrida energía de la base real, para lucrar con el nombre de esta hazaña mundial.
La ‘Guerra Fría’ posterior será sólo un montaje y la competencia por cuál de los gánsteres engorda más la billetera, sea esta roja o blanca da igual: todos bajo la batuta del capital. Así como Hitler fue una criatura de la IBM y de la Ford contra la revolución, Stalin fue una criatura de las mismas fuerzas del capital engendrada, como se engendra toda canalla sin principios, durante el curso mismo de la revolución. Por ello, mientras al burócrata del Kremlin lo premian con una fábrica, al “Profeta Desarmado” no le extenderán siquiera un pasaporte ninguna de las grandes potencias de la tierra y tuvo sólo un lugar en el mundo donde pudo anclar y hasta allí lo persiguieron para poderlo asesinar.
En el centenario del Instituto de Fráncfort (Institut für Sozialforschung, IfS) la historia con todo su caudal de sacrificio humano, de nobles y epopéyicos esfuerzos y de grandeza moral nos reclama poner en escena las convicciones de ayer ¡Qué los sueños de ayer nos liberen de la pesadilla social de nuestros días! Bajar del pedestal a los impostores es la consigna, juzgar la hipocresía y el engaño y revelar la verdad es el imperativo moral. Verdad que tiene que llegar al teatro, a la literatura, al cine del modo que sea, con los recursos que se tenga, porque el valor de una idea no depende de su origen por más modesto que este fuere sino por lo genuino de su espíritu, lo noble de su intención y esa es la madera que se debe valorar si alguna vez se quiere triunfar contra el capital…
Los que nos decimos herederos del intento supremo de liberación traicionado, no debemos dejar pasar el aniversario del Instituto de Fráncfort, que nos trae la reminiscencia de la revolución alemana y de la noble unión de los soviets del este y el oeste en su primer intento de emancipación mundial. Lo menos que podemos hacer es organizar un “Dossier” que sirva de base científico-filosófica del intento revolucionario de ayer. Como al autor de estas notas no sólo le basta con hablar, nunca se cansará de tirar la primera piedra para volver a empezar.
Colen
Grant
Cantabria (norte de España),
febrero de 2023, mientras leía en paralelo “La Hija de Frankenstein-Episodios
de una Guerra Interminable”, la novela de Almudena Grandes (que recomiendo).
CITAS:
8. Why Socialists Need to Talk About Justice (jacobin.com). La joven autora (Lillian Cicerchia) afirma que luego de décadas de estar al margen de la vida política vuelven los tópicos del socialismo a ser un serio tema de deliberación y explora cuáles han sido los yerros que han impedido que el socialismo vuelva a tener autoridad moral sobre la masa de la población. Esta preocupación de Cicerchia viene repitiéndose desde hace un tiempo ya. Adelanto que no se puede cortar camino, ni obviar el proceso histórico que llevó al ideal socialista de estar en el centro de la escena mundial en todos los países de la tierra (inclusive tocando a los dos centros que se han mostrado invulnerables con EEUU y UK), a pasar a la marginalidad.
9. La enorme autoridad moral de Salvador Allende en Chile no impide llegar a la misma conclusión. Allende insistía en que se podía llegar al socialismo desde la institucionalidad burguesa, estas eran sus enfáticas y convencidas palabras. Afirmaba “el cobre es nuestro, el salitre es nuestro, etc.”, y avanzamos, afirmaba, ante un Fidel castro que le señalaba ((21) Allende y Fidel. El diálogo de América. 1971 - 2012 - YouTube) que el imperialismo estaba detrás de las movidas contra su gobierno y haría resistencia violenta. Patético es el desenlace cuando la aviación bombardeaba “La Moneda” bajo las ordenes de Pinochet. Allende le comentaba con amargura a su secretario que lo acompañó hasta el final “¿cómo la estará pasando ahora Augusto con estos fascistas?”
10. Compárese la declaración de Einstein con la de otro ídolo de papel de la academia ¡ídolo, nada más y nada menos que de la sociología! Max Weber: La revolución alemana de noviembre de 1918 y la actividad en los soviets de Múnich y Berlín fueron calificadas por Weber como un “bloody carnival that does not deserve the honorable name of a revolution (“sangriento carnaval que no merece el honorable nombre de una revolución”): los panzones profesores eran más benévolos.
Mommsen,
W. (1990) “Max Weber and German politics”, 1890-1920”, University of Chicago
Press, United State, chapter eight, p. 296:
De
los líderes revolucionarios dira: “Karl Liebneck pertenece al zoológico y Rosa
Luxemburgo al manicomio” (Cfr. Callinicos 1999).
11. Ver el extraordinario trabajo de Paul Forman: Forman, P. ([1971] 1984) “Cultura en Weimar, Causalidad y teoría cuántica: Adaptación de los físicos y matemáticos alemanes a un ambiente intelectual hostil 1918-1927, Alianza, Madrid, España. Este trabajo de Forman, discípulo de Thomas Kuhn, traza una radiografía de como nacerá, con ‘fundamento científico’, el principio de incertidumbre que hará famosos a Werner Heisenberg y a Niels Bohr en la polémica contra Albert Einstein. Esta será la semilla ontológica que irá creciendo para sembrarnos el escepticismo actual.
12. Los Freikorps eran bandas derechistas de oficiales y soldados desmovilizados luego de la derrota en la guerra (mano de obra militar y paramilitar desocupada). Fueron los Freikorps los primeros en enarbolar la esvástica, no Hitler. Hitler se sumó en noviembre de 1919 al Partido Obrero Alemán, este partido había sido fundado por oficiales, soldados desmovilizados y sectores lúmpenes y derechistas comandados por los Freikorps en mayo del mismo año.
13. La división de los Freikorps que asesinó a Rosa y a Karl estaba al mando de Waldemar Pubst, el mismo oficial del Ejército alemán que estuvo entre quienes dieron el fallido putsch de Kapp o golpe de Estado de Kapp entre el 13 y el 17 de marzo de 1920 contra el mismo gobierno de Ebert, que lo había contratado para eliminar el gobierno revolucionario. Pubst fue un activo derechista antisocialista que colaboró eficazmente para el ascenso del nazismo.
14. “Desde el día en que decidimos por razones puramente técnicas que yo me convertiría en el director del instituto, simplemente porque esto era más fácil de llevar a cabo que en el caso de Fritz o el tuyo (…) se leía más tarde en una carta de Horkheimer a Félix Weil. Y así era en realidad: Pollok y Grossmann arrastraban una carga política, y Horkheimer no” (Wiggershaus [1986] 2011: 53).
16. Galatz o Galați es una ciudad con estatus de municipio del este de Rumanía, capital del distrito homónimo y localizada en la histórica región de Moldavia.
17. En la Patagonia Argentina se saldó con 3600 fusilados en el hecho más infame del “Ejército Argentino” en el Siglo XX: Osvaldo Bayer lo inmortalizó en su libro “Los Vengadores de la Patagonia Trágica” o más conocido por “La Patagonia Rebelde”, que fue el nombre con el que llegó al cine -de la mano de Héctor Olivera- esa gesta revolucionaria de los obreros y campesinos del sur argentino en nombre del socialismo y la revolución.
18. Aclaro, para evitar los razonamientos absurdos, que no he desarrollado 20 páginas sobre el tema para que venga alguien a decir que pinto a Lenin como ‘Superman’. No querides, simplemente quiero decir que su máximo liderazgo -bien ganado- nos permite inferir que al mando de uno de los estados más grandes de la tierra hubiese apuntado a socavar toda guerra llamando a volver las armas contra los guerreristas y no a sumarse a una carnicería criminal como lo hizo el burócrata vendido al capital: de ese modo había actuado durante la “1º Guerra…” ¿Por qué hubo de cambiar en la “2º Guerra…”? Stalin, sí, había actuado diferente en la “1º Guerra…” boicoteando el avance del “Ejército Rojo” sobre Polonia para minar de este modo el prestigio de Trotsky y de la revolución…









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