lunes, 11 de noviembre de 2019

La Crítica de las Armas I

 
            Las armas dirimen el resultado de toda lucha profunda, el pueblo se arma de diferentes maneras con barricadas, piquetes, palos, hondas y si esa lucha adquiere los principios de la guerra civil crecerá en la búsqueda de armarse para enfrentar a la reacción, esto indica Venezuela e insinúa el movimiento obrero/campesino de Ecuador. Facilita enormemente el triunfo de la lucha popular que algún sector de las FFAA mude al campo de la lucha popular (es lo que ocurrió con Chávez y el MBR-200). Eludir este compromiso, que señalamos, para ganar a la lucha popular a sectores de los uniformados es propio del desconocimiento de las luchas sociales a lo largo de la historia y/o del oportunismo político, con resultados siempre favorables a la reacción. Esta definición, que el domingo pasado fue escrita a partir de una concepción teórica, adquiere hoy todo el sabor amargo de su carácter profético, en el cuerpo lacerado de los sectores populares de Bolivia.

 En Ecuador trabajadores y campesinos se levantaron contra [¡’Lenin’! Moreno ¡Qué grotesco de la historia!] la traición del heredero bastardo, del progresismo que encarnó Rafael Correa. En Chile las masas populares estallaron contra décadas de oprobio e injusticias, del régimen que armó Pinochet, al servicio de las multinacionales. En Bolivia se fue gestando larvadamente la reacción en contra del prolongado avance en las conquistas, económicas, sociales, culturales que los sectores obreros y campesinos fueron acumulando bajo el gobierno de Evo Morales. Bolivia adquirió mayor desarrollo en su economía, su infraestructura y su Estado ¿Podían todos esos frutos, tan apetecidos por las multinacionales y las oligarquías regionales[1], seguir direccionados por la masa plebeya, con sólo el respaldo de la papeleta electoral y los cargos que ofrece?...

 No se puede jugar a la revolución, cuando se la empieza hay que llevarla hasta el final. Afirmó Marx hace un siglo y medio. Es de un patetismo conmovedor ver caer a Evo y todo su staff de gobierno como fichas de dominó. Es más dolorosa aún esta caída, para quienes vimos con enorme satisfacción [más allá de toda diferencia política] el ascenso histórico del pueblo boliviano encumbrando sus postergadas reivindicaciones históricas, económicas y culturales reflejadas en uno de ellos.

No puedo  dejar de asociar la llegada del golpista Camacho al Aeropuerto de El Alto, cercano a la Paz y la actitud de Evo Morales con el cerco que tendió Pinochet a La Moneda y la actitud de Allende. Téngase en cuenta que Allende y Evo son, para el autor de esta nota, personajes entrañables. Por lo tanto me duele lo que tengo que decir. Minutos antes de que Pinochet bombardeara La Moneda, Allende estaba preocupado por el destino de Pinochet: Sus palabras las comenta quien fue su fiel secretario hasta el momento de su muerte “cómo la estará pasando Pinochet en medio de estos golpistas”, fueron las palabras de Allende… Camacho llegó a La Paz para entregarle a Evo Morales nada más ni nada menos que una nota con la renuncia del presidente boliviano para obligar a que éste la firme. Lo increíble, al igual que la otrora actitud de Allende, es la actitud del gobierno de Evo, qué ante tamaña afrenta del energúmeno fascista, no tuvo mejor idea que ordenar, vía su Ministro de Gobierno, a las fuerzas armadas que garantizaran la seguridad de Camacho ante la masa de sus propios partidarios, que le impedían llegar a la casa de gobierno…

 Hay que decirlo -porque alguna vez tenemos que aprender- que a la derecha y al fascismo no se lo combate con los buenos modales cívicos… Evo ataba las manos de sus propios partidarios, los relevaba de los cargos frente a dudosas denuncias sobre irregularidades en el escrutinio electoral, fiscalizadas, nada más ni nada menos que por la OEA (Organización de Estados Americanos), que ha estado a la vanguardia de las políticas pro norteamericanas contra Venezuela, Nicaragua, Honduras… ‘Evo puso al zorro Almagro a cuidar a sus gallinas’. Mientras los fascistas organizados tomaban de rehenes a los parientes de los funcionarios gubernamentales para obligar a las renuncias, sacaban de sus lugares de trabajo, por la fuerza, a los responsables de los medios de difusión independientes, saqueaban e incendiaban sus casas, Evo ofrecía su renuncia con el infantil planteo de pacificar Bolivia y evitar que el pueblo sufra las persecuciones. Luchar por la paz [como lo hizo Chávez y lo intenta, más allá de todas sus limitaciones, Nicolás Maduro] es muy válido: el pacifismo, que no devuelve los golpes, no sirve para nada.

 Bolivia demuestra de modo incontrovertible, palpable y abrumador que la democracia es sólo un camuflaje de la fuerza[2], que es la fuerza la que manda y no la constitución. Que las organizaciones fascistas bancadas, fundamentalmente, por el oriente autonómico y empresarial han puesto en acción a los sectores de menor conciencia social, a una lacra desclasada y sin principios, que actúa de carne de fascismo. A no confundirse, no toda masa social forma parte de un movimiento popular y mucho menos de clase trabajadora o campesina sino todo lo contrario, es su negación. Es la negación de la entidad e identidad de clase y de los movimientos populares, porque actúa como masa amorfa que se inclina a los pies de los opresores y del peor de todos ellos, el poder multinacional/imperial. Sólo quienes han perdido totalmente el rumbo político pueden ver movimiento popular en la carne amorfa del fascismo, que revienta a domicilio a las organizaciones y a los referentes populares amparados por los elementos más reaccionarios de la policía y el ejército.

  El presidente electo masivamente, el que llevó a Bolivia a niveles de prosperidad y conquistas sociales como nunca tuvo Bolivia ahora tiene que marchar al exilio, mientras bandas fascistas saquean su casa y las de sus partidarios más renombrados. La parálisis de Evo y la dirección de su partido envalentonaron a las bandas golpistas, su renuncia precipitó aún más toda la avalancha fascista. El argumento de renuncia de Evo alcanza su tono más lúgubre y contradictorio cuando lo justifica para pacificar al país y evitar que Camacho y sus golpistas sigan atacando. La renuncia de Evo a la propia defensa de su cargo legítimo, y la de sus partidarios, esgrimida como escudo protector no puede ser más funesta… Esta verdad no puede ser obviada, menos cuando las Juntas Vecinales de El Alto de la Paz intiman a las fuerzas policiales a que cesen de atacar al pueblo y amenazan con formar su propia policía sindical; cuando los campesinos y sus organizaciones bloquean a los golpistas, amenazan con cercar la sede del gobierno central y con cortar los suministros de agua en apoyo del derrocado gobierno de Evo. Esto demuestra que existe voluntad y condiciones de lucha entre los trabajadores, los campesinos y las mujeres bolivianas. Que el proceso de lucha no está aún cerrado y que Bolivia y las fuerzas populares darán mucho que hablar aún. Evo, ya en el exilio, deberá revertir sus errores y su orientación política en momentos que América latina convulsiona. Quienes pretendan superar la experiencia del referente socialista/reformista boliviano deben reconocer, primero, el escenario en el que hay que moverse y alinearse sin titubeos contra la reacción.

 Todas las personas con conciencia social, l*s militantes ¡especialmente! debemos sacar una lección definitiva de estos acontecimientos trágicos y por demás amargos y dolorosos, nos va la vida en ello… Ya vivimos con espanto la década del 70 cuando Allende, con argumento similar al de Evo, se negó a armar al pueblo junto a la oficialidad, sub oficialidad y soldados que seguían a la UP (UNIDAD POPULAR) para enfrentar a los golpistas. El argumento de Allende ayer, como el de Evo hoy, “evitar el derramamiento de sangre”… La única sangre que evitó derramar Allende fue la de los golpistas, porque no sólo su propia sangre, sino que la sangre y las lágrimas de sus partidarios y del pueblo de Chile corrieron a raudales, sumado al exilio, la tortura, el sometimiento por décadas que ahora estalla…

 La renuncia de Evo no ha detenido el ataque golpista sino que lo ha precipitado aún más, ahora, contra la persona misma del líder de los pueblos originarios, los campesinos, los mineros. Se da la increíble situación de que el partido de Evo, que domina las cámaras del Congreso, no adopte ninguna resolución y deje desierta y en manos de los golpistas todos los resortes del poder ¡qué fantástica e ingenua fantasía, creer que detendría la voracidad de los golpistas si les cedía todo el poder! asiste ahora al saqueo de sus locales partidarios, al atentado físico, al secuestro masivo de sus referentes. La avalancha fascista desata todo su odio acumulado, pero una sociedad tan postergada que avanzó tanto en tan poco tiempo, no sólo en términos económicos sino de reivindicaciones sociales, culturales, políticas reacciona y apunta a ponerle freno a la avalancha fascista.

 ¿Era inevitable esta tragedia? Por supuesto que no. Evo mismo lo puso de manifiesto cuando el levantamiento de “La media Luna: Pando-Beni-Santa Cruz y Tarija” en el 2008. Episodios en los que nació el germen del golpismo de hoy. El autonomismo y los ‘comités cívicos’ del prefecto de Santa Cruz, Rubén Costas, y la organización de bandas fascistas por el prefecto de Pando, Leopoldo Fernández (juzgado y condenado por el genocidio de más de cien campesinos partidarios de Evo), dirigidos por el embajador de EEUU Philip Goldberg fueron los maestros del golpista Camacho de hoy. Mientras la reacción del oriente boliviano racista se organizó de diversos modos, durante la última década, para la acción directa fascista, la dirección del MAS (Movimiento al Socialismo de Evo y García Linera) dejo en el limbo la incipiente organización de las milicias campesinas que se insinuaron en la primera parte del gobierno de Evo, del mismo modo todo hace pensar que no existió el más mínimo trabajo político en las fuerzas armadas, para ligar a sus sectores de mayor conciencia a los intereses y las organizaciones de los sectores populares. Virtud que ha mantenido en pie a la llamada revolución bolivariana en Venezuela, y cuya ausencia en Bolivia explica el repentino derrumbe del gobierno popular de Evo.

Las fuerzas armadas, por su naturaleza y desarrollo histórico, no siempre estuvieron del lado del orden opresor. Hubo momentos en que la organización militar jugó un rol revolucionario en América Latina. En estos momentos aciagos para el pueblo de Bolivia, de Chile (ayer de Ecuador, de Perú y van…) es ilustrativo traer al recuerdo la figura de San Martín ¿qué San Martín? El que luce con trajecito de modelo, como salido de un desfile en Bº Norte o aquel que respetaba y amaba a los pueblos, incluidos los nativos. Ese que cruzó enfermo la Cordillera de los Andes, vestido con botas indias, sombrero de paisano y saco de piel, en una litera de madera y no con un ridículo trajecito de ‘cadete de Palermo’ montado en un caballito blanco. La imagen hollywoodense del subdesarrollo, de una especie de He-Man, que arregla todo con una espada es muy ridícula. San Martín, ese de carne y huesos, que detestaba el lujo, la formalidad, la parafernalia del salón y las recepciones, las medallas. Ese que no fue grande por usar una espada sino por usar su cabeza, y usarla mucho, para desequilibrar a un poder colonial opresor mediante su genialidad táctica, su amor revolucionario hacia los pueblos y las ansias de liberación que supo inculcar. Ese San Martín que recibió al cónsul inglés en sandalias, que vuelto al Puerto de Buenos luego de las épicas batallas en Chile y Perú esperó hasta el amanecer para desembarcar y así evitar las recepciones de los poderosos, del Puerto, que antes de las epopeyas habían dictado orden de destitución y captura contra el “libertador de Los Andes”, por negarse a intervenir en las ‘guerras civiles’, con el argumento de que jamás usaría las armas para matarse entre hermanos’.

Ese San Martín puede darnos la figura, con la que reorientar ideológicamente a las fuerzas armadas de hoy... En estos momentos aciagos para los pueblos de América Latina necesitamos poner frente a las fuerzas armadas la imagen del San Martín revolucionario, que hace ya más de dos siglos reclamaba una América morena unida, y fue esa la posta que le dejó a Bolívar…

 Necesitamos recordar al San Martín revolucionario, porque necesitamos  golpear sobre la conciencia de los elementos más reflexivos de las fuerzas del orden opresor de cada país hermano, poner ante sus ojos el retrato de asesinos de los pueblos en que se han convertido. Herederos de las fuerzas combatientes que se alzaron contra un poder colonial opresor, viraron luego a simples servidores de oligarquías reaccionarias que les mancharon las manos de sangre contra los pueblos nativos en una primera etapa, contra los campesinos y obreros a principios del siglo pasado (La Patagonia trágica/La semana trágica…) y contra las ansias igualitarias que se levantaron en los 70.

 Los esfuerzos de emancipación de los pueblos del ‘tercer mundo’ no están condenados al fracaso o a la escasez. Eso es el  resultado de quienes se abrieron paso como vanguardia en una primea etapa (la revolución cubana). Ahora se sumarán nuevas experiencias que fortalecerán el eje emancipador que recorre los pueblos más explotados de la tierra. Entramos en una etapa turbulenta que no se detendrá porque empalma con una crisis de sobreproducción internacional que hará crujir al mundo… Mirar con los ojos abiertos la realidad, mirar la realidad sin mistificaciones lo exige la hora fatídica que se cierne sobre el conjunto de los sectores populares. Decir lo que hay que decir, sin mistificaciones, del sistema internacional opresor en crisis del que somos esclavos. Mirar de frente la realidad, porque la propia crisis nos emancipará.

Colen Grant, Noviembre 12 de 2019

 

[1] Piénsese  que una de las medidas de Evo Morales [2008] fue tomar parte de la renta petrolera del oriente boliviano, para financiar un plan de pensiones para personas mayores de 60 años, llamada "renta dignidad". Uno de los argumentos del movimiento golpista del 2008 exigía al gobierno de Evo la transferencia a los departamentos de los fondos recaudados por el Impuesto directo a los Hidrocarburos (IDH). Pongo este ejemplo [hay decenas de ejemplos similares] para que imaginen lo irritante que resultaba para los supremacistas blancos del oriente boliviano que esos jugosos fondos fueran destinados a solventar gastos en el pueblo de mayoría indígena…

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