Las armas dirimen el resultado de toda
lucha profunda, el pueblo se arma de diferentes maneras con barricadas,
piquetes, palos, hondas y si esa lucha adquiere los principios de la guerra
civil crecerá en la búsqueda de armarse para enfrentar a la reacción, esto
indica Venezuela e insinúa el movimiento obrero/campesino de Ecuador. Facilita
enormemente el triunfo de la lucha popular que algún sector de las FFAA mude al
campo de la lucha popular (es lo que ocurrió con Chávez y el MBR-200). Eludir
este compromiso, que señalamos, para ganar a la lucha popular a sectores de los
uniformados es propio del desconocimiento de las luchas sociales a lo largo de
la historia y/o del oportunismo político, con resultados siempre favorables a
la reacción. Esta definición, que el domingo pasado fue escrita a partir de una
concepción teórica, adquiere hoy todo el sabor amargo de su carácter profético,
en el cuerpo lacerado de los sectores populares de Bolivia.
En
Ecuador trabajadores y campesinos se levantaron contra [¡’Lenin’! Moreno ¡Qué grotesco
de la historia!] la traición del heredero bastardo, del progresismo que encarnó
Rafael Correa. En Chile las masas populares estallaron contra décadas de
oprobio e injusticias, del régimen que armó Pinochet, al servicio de las
multinacionales. En Bolivia se fue gestando larvadamente la reacción en contra
del prolongado avance en las conquistas, económicas, sociales, culturales que
los sectores obreros y campesinos fueron acumulando bajo el gobierno de Evo
Morales. Bolivia adquirió mayor desarrollo en su economía, su infraestructura y
su Estado ¿Podían todos esos frutos, tan apetecidos por las multinacionales y
las oligarquías regionales,
seguir direccionados por la masa plebeya, con sólo el respaldo de la papeleta
electoral y los cargos que ofrece?...
No se puede jugar a la revolución, cuando
se la empieza hay que llevarla hasta el final. Afirmó Marx hace un siglo y
medio. Es de un patetismo conmovedor ver caer a Evo y todo su staff de gobierno
como fichas de dominó. Es más dolorosa aún esta caída, para quienes vimos con
enorme satisfacción [más allá de toda diferencia política] el ascenso histórico
del pueblo boliviano encumbrando sus postergadas reivindicaciones históricas,
económicas y culturales reflejadas en uno de ellos.
No puedo dejar de asociar la llegada del golpista
Camacho al Aeropuerto de El Alto, cercano a la Paz y la actitud de Evo Morales
con el cerco que tendió Pinochet a La Moneda y la actitud de Allende. Téngase
en cuenta que Allende y Evo son, para el autor de esta nota, personajes
entrañables. Por lo tanto me duele lo que tengo que decir. Minutos antes de que
Pinochet bombardeara La Moneda, Allende estaba preocupado por el destino de
Pinochet: Sus palabras las comenta quien fue su fiel secretario hasta el
momento de su muerte “cómo la estará pasando
Pinochet en medio de estos golpistas”, fueron las palabras de Allende… Camacho
llegó a La Paz para entregarle a Evo Morales nada más ni nada menos que una
nota con la renuncia del presidente boliviano para obligar a que éste la firme.
Lo increíble, al igual que la otrora actitud de Allende, es la actitud del
gobierno de Evo, qué ante tamaña afrenta del energúmeno fascista, no tuvo mejor
idea que ordenar, vía su Ministro de Gobierno, a las fuerzas armadas que garantizaran
la seguridad de Camacho ante la masa de sus propios partidarios, que le impedían
llegar a la casa de gobierno…
Hay
que decirlo -porque alguna vez tenemos que aprender- que a la derecha y al fascismo
no se lo combate con los buenos modales cívicos… Evo ataba las manos de sus
propios partidarios, los relevaba de los cargos frente a dudosas denuncias
sobre irregularidades en el escrutinio electoral, fiscalizadas, nada más ni
nada menos que por la OEA (Organización de Estados Americanos), que ha estado a
la vanguardia de las políticas pro norteamericanas contra Venezuela, Nicaragua,
Honduras… ‘Evo puso al zorro Almagro a
cuidar a sus gallinas’. Mientras los fascistas organizados tomaban de
rehenes a los parientes de los funcionarios gubernamentales para obligar a las
renuncias, sacaban de sus lugares de trabajo, por la fuerza, a los responsables
de los medios de difusión independientes, saqueaban e incendiaban sus casas,
Evo ofrecía su renuncia con el infantil planteo de pacificar Bolivia y evitar
que el pueblo sufra las persecuciones. Luchar por la paz [como lo hizo Chávez y
lo intenta, más allá de todas sus limitaciones, Nicolás Maduro] es muy válido:
el pacifismo, que no devuelve los golpes, no sirve para nada.
Bolivia
demuestra de modo incontrovertible, palpable y abrumador que la democracia es
sólo un camuflaje de la fuerza,
que es la fuerza la que manda y no la constitución. Que las organizaciones
fascistas bancadas, fundamentalmente, por el oriente autonómico y empresarial han puesto en acción a los sectores de
menor conciencia social, a una lacra desclasada y sin principios, que actúa
de carne de fascismo. A no confundirse, no
toda masa social forma parte de un movimiento popular y mucho menos de clase
trabajadora o campesina sino todo lo
contrario, es su negación. Es la negación de la entidad e identidad de
clase y de los movimientos populares, porque actúa como masa amorfa que se
inclina a los pies de los opresores y del peor de todos ellos, el poder
multinacional/imperial. Sólo quienes han perdido totalmente el rumbo político
pueden ver movimiento popular en la carne amorfa del fascismo, que revienta a
domicilio a las organizaciones y a los referentes populares amparados por los
elementos más reaccionarios de la policía y el ejército.
El presidente electo masivamente, el que llevó
a Bolivia a niveles de prosperidad y conquistas sociales como nunca tuvo Bolivia
ahora tiene que marchar al exilio, mientras bandas fascistas saquean su casa y
las de sus partidarios más renombrados. La parálisis de Evo y la dirección de
su partido envalentonaron a las bandas golpistas, su renuncia precipitó aún más
toda la avalancha fascista. El argumento de renuncia de Evo alcanza su tono más
lúgubre y contradictorio cuando lo justifica para pacificar al país y evitar
que Camacho y sus golpistas sigan atacando. La renuncia de Evo a la propia
defensa de su cargo legítimo, y la de sus partidarios, esgrimida como escudo
protector no puede ser más funesta… Esta verdad no puede ser obviada, menos
cuando las Juntas Vecinales de El Alto de la Paz intiman a las fuerzas
policiales a que cesen de atacar al pueblo y amenazan con formar su propia
policía sindical; cuando los campesinos y sus organizaciones bloquean a los
golpistas, amenazan con cercar la sede del gobierno central y con cortar los
suministros de agua en apoyo del derrocado gobierno de Evo. Esto demuestra que
existe voluntad y condiciones de lucha entre los trabajadores, los campesinos y
las mujeres bolivianas. Que el proceso de lucha no está aún cerrado y que
Bolivia y las fuerzas populares darán mucho que hablar aún. Evo, ya en el
exilio, deberá revertir sus errores y su orientación política en momentos que
América latina convulsiona. Quienes pretendan superar la experiencia del
referente socialista/reformista boliviano deben reconocer, primero, el
escenario en el que hay que moverse y alinearse sin titubeos contra la reacción.
Todas
las personas con conciencia social, l*s militantes ¡especialmente! debemos
sacar una lección definitiva de estos acontecimientos trágicos y por demás
amargos y dolorosos, nos va la vida en ello… Ya vivimos con espanto la década
del 70 cuando Allende, con argumento similar al de Evo, se negó a armar al
pueblo junto a la oficialidad, sub oficialidad y soldados que seguían a la UP
(UNIDAD POPULAR) para enfrentar a los golpistas. El argumento de Allende ayer,
como el de Evo hoy, “evitar el
derramamiento de sangre”… La única sangre que evitó derramar Allende fue la
de los golpistas, porque no sólo su propia sangre, sino que la sangre y las
lágrimas de sus partidarios y del pueblo de Chile corrieron a raudales, sumado
al exilio, la tortura, el sometimiento por décadas que ahora estalla…
La
renuncia de Evo no ha detenido el ataque golpista sino que lo ha precipitado
aún más, ahora, contra la persona misma del líder de los pueblos originarios,
los campesinos, los mineros. Se da la increíble situación de que el partido de
Evo, que domina las cámaras del Congreso, no adopte ninguna resolución y deje
desierta y en manos de los golpistas todos los resortes del poder ¡qué
fantástica e ingenua fantasía, creer que detendría la voracidad de los
golpistas si les cedía todo el poder! asiste ahora al saqueo de sus locales
partidarios, al atentado físico, al secuestro masivo de sus referentes. La
avalancha fascista desata todo su odio acumulado, pero una sociedad tan
postergada que avanzó tanto en tan poco tiempo, no sólo en términos económicos
sino de reivindicaciones sociales, culturales, políticas reacciona y apunta a
ponerle freno a la avalancha fascista.
¿Era
inevitable esta tragedia? Por supuesto que no. Evo mismo lo puso de manifiesto
cuando el levantamiento de “La media Luna: Pando-Beni-Santa Cruz y Tarija” en
el 2008. Episodios en los que nació el germen del golpismo de hoy. El
autonomismo y los ‘comités cívicos’ del prefecto de Santa Cruz, Rubén Costas, y
la organización de bandas fascistas por el prefecto de Pando, Leopoldo
Fernández (juzgado y condenado por el genocidio de más de cien campesinos
partidarios de Evo), dirigidos por el embajador de EEUU Philip Goldberg fueron los maestros del golpista Camacho de hoy. Mientras la
reacción del oriente boliviano racista se organizó de diversos modos, durante
la última década, para la acción directa fascista, la dirección del MAS
(Movimiento al Socialismo de Evo y García Linera) dejo en el limbo la
incipiente organización de las milicias campesinas que se insinuaron en la primera
parte del gobierno de Evo, del mismo modo todo hace pensar que no existió el
más mínimo trabajo político en las fuerzas armadas, para ligar a sus sectores
de mayor conciencia a los intereses y las organizaciones de los sectores
populares. Virtud que ha mantenido en pie a la llamada revolución bolivariana
en Venezuela, y cuya ausencia en Bolivia explica el repentino derrumbe del
gobierno popular de Evo.
Las
fuerzas armadas, por su naturaleza y desarrollo histórico, no siempre estuvieron
del lado del orden opresor. Hubo
momentos en que la organización militar jugó un rol revolucionario en América
Latina. En estos momentos aciagos para el pueblo de Bolivia, de Chile (ayer
de Ecuador, de Perú y van…) es ilustrativo traer al recuerdo la figura de San
Martín ¿qué San Martín? El que luce con trajecito de modelo, como salido de un
desfile en Bº Norte o aquel que respetaba y amaba a los pueblos, incluidos los
nativos. Ese que cruzó enfermo la Cordillera de los Andes, vestido con botas
indias, sombrero de paisano y saco de piel, en una litera de madera y no con un
ridículo trajecito de ‘cadete de Palermo’ montado en un caballito blanco. La
imagen hollywoodense del subdesarrollo, de una especie de He-Man, que arregla
todo con una espada es muy ridícula. San Martín, ese de carne y huesos, que
detestaba el lujo, la formalidad, la parafernalia del salón y las recepciones,
las medallas. Ese que no fue grande por
usar una espada sino por usar su cabeza, y usarla mucho, para desequilibrar
a un poder colonial opresor mediante su genialidad táctica, su amor
revolucionario hacia los pueblos y las ansias de liberación que supo inculcar.
Ese San Martín que recibió al cónsul inglés en sandalias, que vuelto al Puerto
de Buenos luego de las épicas batallas en Chile y Perú esperó hasta el amanecer
para desembarcar y así evitar las recepciones de los poderosos, del Puerto, que
antes de las epopeyas habían dictado orden de destitución y captura contra el
“libertador de Los Andes”, por negarse a intervenir en las ‘guerras civiles’,
con el argumento de que jamás usaría las armas para matarse entre hermanos’.
Ese
San Martín puede darnos la figura, con la que reorientar ideológicamente a las
fuerzas armadas de hoy... En estos momentos aciagos para los pueblos de América
Latina necesitamos poner frente a las fuerzas armadas la imagen del San Martín
revolucionario, que hace ya más de dos siglos reclamaba una América morena
unida, y fue esa la posta que le dejó a Bolívar…
Necesitamos
recordar al San Martín revolucionario,
porque necesitamos golpear sobre la
conciencia de los elementos más reflexivos de las fuerzas del orden opresor de
cada país hermano, poner ante sus ojos el retrato de asesinos de los pueblos en
que se han convertido. Herederos de las fuerzas combatientes que se alzaron
contra un poder colonial opresor, viraron luego a simples servidores de
oligarquías reaccionarias que les mancharon las manos de sangre contra los
pueblos nativos en una primera etapa, contra los campesinos y obreros a
principios del siglo pasado (La Patagonia trágica/La semana trágica…) y contra
las ansias igualitarias que se levantaron en los 70.
Los
esfuerzos de emancipación de los pueblos del ‘tercer mundo’ no están condenados
al fracaso o a la escasez. Eso es el
resultado de quienes se abrieron paso como vanguardia en una primea
etapa (la revolución cubana). Ahora se sumarán nuevas experiencias que
fortalecerán el eje emancipador que recorre los pueblos más explotados de la
tierra. Entramos en una etapa turbulenta que no se detendrá porque empalma con
una crisis de sobreproducción internacional que hará crujir al mundo… Mirar con
los ojos abiertos la realidad, mirar la realidad sin mistificaciones lo exige
la hora fatídica que se cierne sobre el conjunto de los sectores populares.
Decir lo que hay que decir, sin mistificaciones, del sistema internacional opresor
en crisis del que somos esclavos. Mirar de frente la realidad, porque la propia
crisis nos emancipará.
Colen Grant, Noviembre 12 de 2019
Celebro tu santuchismo tardio y recortado
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