Panelista: Colen C. Grant
UBA (Universidad de Buenos Aires)
Facultad de Ciencias Sociales
Buenos
Aires-Argentina.
Ponencia:
“Lecciones Perdidas”
Criticidad y cientificidad en la teoría social
Creemos que se puede acordar con que todo
pensamiento/acción parte de una realidad para volver a esa realidad
transformada. Partir de la realidad para
volver a la realidad impone severas restricciones al pensamiento y la acción.
Esta limitación no es exclusiva del pensamiento científico, puede apreciarse
prácticamente en todas las áreas del saber. Podríamos ver estas restricciones,
obviamente, en la física, pero también, en los precisos mecanismos que el
lenguaje químico impone en la genética. En las escalas, las notas y los acordes
que rigen la producción del sonido en la música. Detengamos en las leyes de la
perspectiva, la forma en que a través de los ojos humanos el cerebro reconstruye
la mirada. Estas leyes fueron empleadas, intuitivamente, por Giotto -en el primer
renacimiento- y desarrolladas por Filippo Brunelleschi en el encabalgamiento de
los siglos XIV y XV. Toda la tecnología
de imágenes parte de estas leyes funcionales de la perspectiva cónica, en
el cine, la televisión y la informática moderna. Por supuesto que junto a las
poderosas innovaciones cibernéticas de la TECNOLOGÍA 3 D. Pero, tanto en su
forma estática como dinámica, lo
fundamental está determinado por la producción de horizonte, razón
fundamental de toda perspectiva.
¿Por qué las leyes de la perspectiva en movimiento, en el estudio e intervención
sobre la sociedad real, estarían
liberadas de las severas restricciones al pensamiento y la acción que
imperan en todas las otras formas de producir horizonte?
Para dar respuesta al interrogante
que nos precede debemos situarnos en los momentos históricos de producción y
reproducción de sentido, en el conocimiento que nos convoca. Según los estudios contemporáneos más
renombrados en historia y filosofía de la ciencia (Kuhn, entre otros); los cambios de ‘paradigmas’ (revoluciones) surgen de la resolución de problemas instalados en recónditos intersticios de
determinados campos del saber, para
luego expandirse por el todo social. Idéntica ley rige para los retrocesos
(contrarrevoluciones). Es lo que ha
ocurrido en los orígenes del llamado “Pensamiento Crítico” (en adelante PC)
y que se ha expandido por todo el tejido académico e invade todo el campo
popular: ¡Es esta una verdadera idea
dominante! (Que atenaza las conciencias
de las masas pensantes del planeta) y no lo que puedan decir TRUMP, THERESA MAY, ANGELA MERKEL, PUTIN o XI JINPING, en las que muy
pocos creen de verdad…
En las ideas del ‘PC’ cree todo el mundo
pensante. Diríamos que es casi una
religión. No existe escuela, colegio, instituto o universidad en que los
programas de estudio no estén presididos por la idea de fomentar el pensamiento crítico, para formar un intelectual crítico, un
ciudadano crítico en el marco de una cultura,
también, crítica ¿Cuál es el
escenario para este mundo pensante? Una diversidad creciente de ‘cerebros’
electrónicos interconectados (Internet) brindan al fragmentado colectivo
humano, a través de la red mundial (WWW), la posibilidad de unión y síntesis. Así
emerge en minutos una multitud espontánea en España contra Aznar y la guerra,
el Occupy
Wall Street o los indignados. Son sólo una muestra de la potencia cibernética que une, informa y
educa al mundo entero. La industria mecánica que alienó a la mujer, al niño
y al hombre renace en la electrónica
para [des]alienar la vida. Los poderes dominantes ven que el modo shopping de la alienación no puede
contra el poder social de la conectividad. Por esta razón son tan fuertes
las restricciones en oriente (China, Corea, Taiwán…) y en occidente renace un
neo macartismo en la Web encabezado por EEUU. El modo
shopping se impone en las ideas, desde las raíces mismas del PC, en análogo
distraccionismo. Inintencionadamente o
no, conscientemente o no verdaderos ejércitos de ‘intelectuales y educadores’
entretenemos, distraemos, robamos la energía pensante a las masas del planeta.
Es tan aplastante este esquema conceptual inhibidor que no podemos proyectar nuestro anhelo en nombre del recurso más preciado
que tiene la humanidad ¡La ciencia! Nuestra esperanza de emancipación humana tiene amputado el
horizonte de su devenir social. El
pensamiento crítico ha despojado de la ciencia y de la cultura el
complemento indispensable de todo pensar y actuar ¡Las creencias! Es el
recurso escéptico de una época escéptica. De este modo se manifiestan las ideas
donde están ausentes esas severas
restricciones al pensamiento y la acción que permiten construir síntesis. Ideas de una época que ha
combatido ‘los grandes relatos’ que unían la filosofía y la ciencia humana con
el horizonte de su devenir.
El
llamado PC no es estrictamente un pensamiento, en el sentido de una corriente
de ideas integradas sino su antípoda; es
una [poli]discursividad que apunta a una [meta]normatividad que excluye,
justamente, la formación de verdaderos sistemas
de pensamientos. Es el síntoma histórico/sociológico de una época carente
de proyección social, de una época en que la intelectualidad, con raras
excepciones[1],
ha huido y huye de toda proyección social, de una época carente de la síntesis
necesaria para todo verdadero pensamiento, de una época de gran fragmentación
intelectual.
¿De
dónde nace este verdadero giro copernicano, que ha quitado las certezas al
horizonte del devenir humano? Del mismo modo que de recónditas minucias
teóricas que relacionaron la tierra, los planetas y el sol surgió la concepción
heliocéntrica (en las ideas del monje polaco Copérnico); la concepción
retrógrada nació del pensamiento reaccionario de entre
guerras. De un operativo ideológico que
tiene por escenario la ciudad Suiza de Mont Pelerin y como actores al liberal Friedrich
Hayek y el emigrado austriaco Karl Popper, entre otros, que inician una verdadera cruzada para ‘liberar el
conocimiento científico’ de los principios de la causalidad y el determinismo[2]
propios de la Ilustración y el socialismo ¿Cómo pudieron instalarse estos
principios retrógrados? Con el recurso a los poderosos resortes que mueve la filosofía
e historia de la ciencia del establishment anglosajón (los ingleses ya habían
sido maestros de la ‘historia per se’, con su versión Whig), que encontraba en
Popper a su nuevo profeta, para que instalara/divulgara los cánones de lo que debía ser ciencia y de lo que no ¿Cuál es el ‘acta
de fundación’ del pensamiento crítico impulsado ‘desde la ciencia’? En
Einstein, nada más ni nada menos, y en el experimento más renombrado de la
historia de la ciencia (curvatura de la luz) va a encontrar Popper ‘fundamentos’
para la ‘auténtica actitud científica’ ante el conocimiento. En un verdadero ejercicio de
prestidigitación teórico/metodológico define en que consiste el pensamiento
anti dogmático. Este operativo crea un estereotipo
artificial[3]
de cientificidad para unir la ideología liberal a la ciencia, y de aquí nace el ideal crítico que
reposaría en la duda, la inquietud y la
permanente insatisfacción intelectual de sus protagonistas, opuesto a las
formas dogmáticas del historicismo occidental representado por Platón-Hegel y
Marx.
La duda, la inquietud, la insatisfacción
intelectual no representan la psicología
del científico ni de la comunidad de ciencia sino que prefigura más bien
al individuo con trastornos de conducta. Según Freud no existe un límite entre lo que podría
considerarse psicológicamente la conducta normal y la neurosis. La crisis debilita esta barrera
móvil/permeable entre neurosis/normalidad, en provecho de la primera. El sujeto montado sobre un estereotipo artificial
de cientificidad no puede sofocar el impulso real de la ciencia, de ahí que su
proyección simbólica se exprese como trastorno (duda, inquietud,
insatisfacción intelectual permanente).
La
ciencia está guiada por el talante dogmático de los científicos[4]: no hay nada más despótico
que una ley de la ciencia ¿Necesitamos ilustrar con ejemplos? Hay quienes
pretenden, mediante un eclecticismo imposible[5], amalgamar el pensamiento
de Popper con el de Kuhn, diciendo que el autor de la ERC (“La estructura de
las revoluciones científicas”) analiza periodos conservadores y Popper los
momentos de transformación. Esta homologación no sólo falsea la obra de Kuhn
sino la historia de la ciencia misma. Kuhn, a través de una pirámide de
erudición histórica, puso de manifiesto que no sólo en el transcurso de la ciencia normal la comunidad científica se
guía por los principios dogmáticos, que le señala el paradigma, sino que en los momentos de crisis y de revolución
esos principios se acentúan, porque la crisis no elimina el paradigma
tradicional sino que le opone un competidor revolucionario, que cree tan
firmemente en los nuevos postulados como los partidarios del tradicional en el
suyo. Es por esta razón que los paradigmas aparecen irreconciliables, a tal punto
de tornarse inconmensurables. Esta inconmensurabilidad se salda con el triunfo
o la derrota de uno de los bandos en disputa. Ninguna regla o método de trabajo por más diversidad que posea vulnera
los principios paradigmáticos. Los
científicos son más dogmáticos en el momento de la crisis y la revolución que
en sus periodos de desarrollo normal. De otro modo, cómo podría sobrevenir
el enfrentamiento, cómo podría producirse una revolución. La inquietud, la duda
y la insatisfacción intelectual no pueden dirigir la ciencia normal y menos el
proceso de la revolución[6]:
Pero
el científico está imbuido del
sentimiento de la causalidad universal. Para él, el futuro es algo tan inevitable y determinado como el pasado (…)
su sentimiento adquiere la forma de un asombro extasiado (…) ante la armonía de
la ley natural (…) todo el pensamiento y todas las acciones de los seres
humanos no son más que un reflejo insignificante (Einstein [1924-1944]
2010: 57).
Son
muchos quienes afirman que Karl Marx y Karl Popper son los dos filósofos de la
política más destacados que ha dado el pensamiento occidental moderno, y esta
sentencia que se ha repetido en medios académicos y en la prensa no carece de fundamentos
porque ambos hablan en nombre de lo más
preciado que tiene el pensamiento occidental ¡La ciencia! Marx expone los
principios teórico/filosóficos que se adecuan a la clase de los asalariados
modernos y su devenir, en oposición a la clase que detenta los medios para
producir. En tanto Popper defiende la perspectiva caduca del sistema que los
vio nacer. Adquiere sentido en ambas perspectivas filosóficas, cabalmente, lo
que se entiende por clases sociales y la dinámica de su proyección histórica.
El
pensamiento crítico se instala sobre una combinación de factores. A lo dicho
debe agregarse el principio de indeterminación (incertidumbre), que surge en
contrapunto con los principios de la causalidad y el determinismo. La física
provee la base ontológica escéptica en que se sumirá el pensamiento occidental
a partir de la tercera década del Siglo XX. Es el clima que barrerá con sangre, guerra y fascismo, las
convicciones y el optimismo de la aurora
revolucionaria del Siglo XX, obturando hasta nuestros días toda apuesta
teleológica en el devenir.
El colapso y las imposturas intelectuales
Antes
de intentar ‘exorcizar el hechizo’, describamos sucintamente el escenario que
les permite al liberal Hayek y al emigrado austriaco Popper imponer la conjura.
El Siglo XIX emparentó los conocimientos
ligados a las ciencias naturales y aquellos que se abocaban a la sociedad.
En un verdadero cañamazo inescindible se cruzaron los principios malthusianos,
darwinistas, laplacianos, hobbesianos, smithianos, hegelianos, marxistas… para
dar lugar a las revoluciones políticas, científicas, literarias y estéticas más
notables que haya experimentado la humanidad. Es interesante resaltar que el mayor fermento
de la producción material e intelectual de la historia de la humanidad se dio
en un momento histórico en que estaban ausentes las formaciones disciplinares,
que harán historia entrado el Siglo XX (ilustrativo es el caso de su mayor
erudito y genio creador, Karl Marx, cuya
tesis doctoral es sobre física[7]). Einstein y Lenin son ese tipo último de pensadores universales que
desaparecerán en el Siglo XX. Aquí está el apogeo, el cenit de ese fermento
revolucionario que se expresa en los logros más notables de la física y de la
política. La puesta en acción de principios
rectores que dominaran el movimiento y la energía tanto de la masa atómica de
la materia como la de esos átomos que hacen andar las fábricas y con ellas
al mundo entero.
La cima de la conciencia social de este
periodo histórico muestra al sujeto
colectivo que ha hecho síntesis. Apoyado en este avance hablan los líderes,
cuya estabilidad emocional, personalidad psíquica y templanza prefiguran al individuo
maduro. Los individuos, que insertos en ese todo social en movimiento, son
reclamados para que cumplan una obra histórica de gigantes. Es la ola de la historia la que encumbra la personalidad
deslumbrante, como la disipación de su energía hace aflorar inevitablemente
su reverso.
La
clausura del proceso revolucionario en el este y su colapso simultáneo en el
corazón de Europa (Alemania) darán por tierra con la matriz causal determinista,
tanto en la física como en la política. No es casual que el máximo exponente de
estos principios en la política sea expulsado de la URSS, en el mismo momento
histórico que será expulsado de Alemania el máximo exponente del causal
determinismo en la física: los argumentos son idénticos en ese año aciago
¡1927! La revolución en la física ha
concluido dirán a Einstein, Bhor y Heisenberg, imponiendo el principio de
incertidumbre, en el último gran Congreso Solvay. Del otro lado de los
Urales Stalin sentenciará a Lev
Davidovich Bronstein: la revolución permanente ha terminado, enviándolo a
Siberia. Se abrirá el capítulo de la coexistencia pacífica. Derrotada la
experiencia en el escenario real había que extirparla de la mente de los
pueblos. Así lo formula claramente Josep Fontana:
Bolchevismo y Materialismo
Histórico aparecían como las dos caras de la misma moneda, para cerrar el paso al uno en la realidad política, era necesario
desterrar al otro de la mente de los hombres
(Fontana 1982: 154).
El llamado PC y el estereotipo
cientificista de raíz anglosajona tienen su origen en el colapso histórico de
la matriz causal/determinista, que había guiado tanto la ciencia como la teoría
social en su versión revolucionaria. Este colapso se produce en la tercera
década del Siglo XX, en un proceso paralelo que sepulta esta matriz e impone los
principios de la incertidumbre y el escepticismo. El PC[8] es a la teoría social lo
que el cientificismo/positivismo y Popper/Lakatos representan para la ideología
y la filosofía liberal en las ciencias naturales, cuyo estereotipo encumbra la filosofía e historia de la ciencia
anglosajona, hasta la llegada de Kuhn en la década del 60. Kuhn restituye
–con su idea de paradigmas- el modo historicista del desarrollo tanto de las
ciencias naturales como de la teoría social: es en la tesis cardinal de la ERC
(La Estructura de las Revoluciones
Científicas) donde define el paralelo
genético entre las revoluciones políticas y las revoluciones científicas (Kuhn
[1962] 1996: pp. 149-150-151).
El
desconcierto civilizatorio actual, la
pérdida de los principios universalistas, el surgimiento de los
regionalismos filosóficos como la decolonialidad, los nacionalismos, etc., tienen su razón de ser a partir del colapso
de los procesos revolucionarios y su sustento filosófico. La ciencia es un
fenómeno internacional desde sus orígenes. En el Siglo XXI este carácter
adquiere preponderancia global en todas sus formas porque es inconcebible la
vida de la especie en el planeta (que ha superado los siete mil millones de
habitantes) sin la ciencia y la tecnología modernas. Las facetas degradantes de la actividad científico/tecnológica y
política no surgen de la ciencia y la
tecnología, ni de ningún
eurocentrismo[9],
sino de los intereses mercantiles
multinacionales que sacrifican la salud humana, el medio ambiente y a todos
los seres vivos del planeta en el altar de la tasa de ganancia. No es casual
que sea en los bancos, y en su expresión financiera desquiciada, en donde se
refleje de modo más aguda la crisis sistémica: este sistema no tiene patria, ni
bandera, ni responde a una región. Es multinacional, universal.
El
mundo es cada vez más pequeño para las fuerzas productivas extraordinarias que
la masa de la población civil ha desarrollado. Es esta población civil la que mueve y cambia el escenario del mundo.
La obra realizada es descomunal y por ello aparecemos pequeños ante tanta
riqueza, pero no debemos olvidar que es
nuestra obra. Ante el rascacielos el
obrero albañil aparenta una hormiga, pero de ‘esas hormigas’ depende todo
edificio que ‘toca el cielo’, todo puente que vence el cauce del río y la
máquina que le facilita el trabajo, también, depende de otra fuerza laboral
humana.
Debe
el pensamiento realizar la síntesis, el sujeto emanciparse [primero] en el
cielo de la teoría, salir de esta dispersión intelectual y volver el rostro al momento antropomórfico pleno para que atruene la
razón humana. Recuperar las leyes históricas de la perspectiva en movimiento de las metrópolis, y encauzar la
vida del sujeto colectivo en las ideas. Debe el sujeto volverse hacia sí mismo, del espejismo de la magia virtual que le
encandila, y encender la chispa libertaria que despliegue toda la luz de sus
virtualidades latentes enajenadas… en su obra y en sí.
Colen C.
Grant, Bs. As., nov. 19 de 2018
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[1] Sin el horizonte del comunismo, sin esta idea, no hay nada en
el devenir histórico y político que tenga algún interés para un filósofo
(Badiou, Alain [2007] 2010, en Hounie, comp.: 13).
[2] El combate liberal contra estos principios se ve reforzado por el
clima hostil que surge de la primera posguerra, ver “Cultura en Weimar,
causalidad y teoría cuántica: 1918-1297: Adaptación
de los físicos y matemáticos alemanes a un ambiente intelectual hostil”
(Forman, Paul: 1984). Similar adaptación y cambios habían protagonizado los
‘herederos’ (en los nombres de Horkheimer y Adorno) de la iniciativa
revolucionaria frustrada que fundó el Instituto de Frankfort.
[3] Parece que si el
análisis lógico de los productos científicos o la metodología popperiana consiste en
esforzarse por elaborar unas
reglas metodológicas que nadie usa, para una ciencia que nadie hace,
podemos preguntarnos qué
sentido tiene todo esto (Lakatos/Kuhn 1993: 37).
[4] “nos gustaría describir esta
investigación como una tentativa tenaz y
ferviente de obligar a la naturaleza a entrar en los cuadros conceptuales
proporcionados por la educación profesional” (Kuhn
[1962] 1996: 26).
[5] La controversia Popper–Kuhn señala, a nuestra manera de ver, dos concepciones de la ciencia
complementarias y desde todo punto de vista útiles para entender el
dinamismo de la investigación científica. Kuhn
al mostrar los aspectos dogmáticos del científico que se contenta con
solucionar “enigmas” dentro de un paradigma establecido, señala un hecho histórico innegable: el
desarrollo de la ciencia ha estado marcado por grandes períodos de calma
intelectual, poco críticos y bastante conservadores.
Pero Popper al poner el énfasis en la crítica
permanente como el distintivo del verdadero investigador, está apuntando al
“deber ser de la investigación científica”. El científico capaz de hacer
avanzar la investigación no es el técnico, ni el ingeniero, sino aquel que se
deja guiar por el espíritu filosófico,
que es un espíritu de inquietud, de duda, y de
permanente insatisfacción intelectual.
Prada Márquez, Blanca I. (2006) Ciencia
y Política en Karl Popper, Editorial UIS, Bucaramanga, Colombia.
[6] La actitud dogmática del científico deviene de las convicciones en su teoría y en los logros que le ha
reportado en la práctica. Por ello está dispuesto a defender su teoría aun
cuando en el contacto con la realidad surjan anomalías que la contradigan (sin estas convicciones no puede existir la
ciencia). La acumulación de anomalías hace que surja una rivalidad
paradigmática (diferente es el ciego dogmatismo religioso). El ataque crítico apunta a eliminar las
convicciones paradigmáticas, como rasgo central del pensamiento científico,
rasgo que lo une a la tradición
historicista de la teoría social.
[7] Marx, k. ([1841] 1987) Tesis
Doctoral – Diferencia entre la Filosofía de la Naturaleza de Demócrito y
Epicuro, Premia Editora de Libros SA, Puebla, México.
[8] La deriva (con
Horkheimer/Adorno) de la Escuela de Frankfort recala en los mismos lineamientos
ontológicos básicos.
[9] Fueron las corrientes de
pensamiento emancipadoras de la Europa
misma quienes primero se levantaron contra
el mercantilismo, el colonialismo, el capitalismo y su opresión sobre el niño,
la mujer y el hombre. Aprendamos de ella antes de criticarla.
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