miércoles, 14 de noviembre de 2018

"CLACSO"


Panelista: Colen C. Grant

UBA (Universidad de Buenos Aires)
Facultad de Ciencias Sociales
Buenos Aires-Argentina.
Ponencia:
“Lecciones Perdidas”
Criticidad y cientificidad en la teoría social
 
                         Creemos que se puede acordar con que todo pensamiento/acción parte de una realidad para volver a esa realidad transformada. Partir de la realidad para volver a la realidad impone severas restricciones al pensamiento y la acción. Esta limitación no es exclusiva del pensamiento científico, puede apreciarse prácticamente en todas las áreas del saber. Podríamos ver estas restricciones, obviamente, en la física, pero también, en los precisos mecanismos que el lenguaje químico impone en la genética. En las escalas, las notas y los acordes que rigen la producción del sonido en la música. Detengamos en las leyes de la perspectiva, la forma en que a través de los ojos humanos el cerebro reconstruye la mirada. Estas leyes fueron empleadas, intuitivamente, por Giotto -en el primer renacimiento- y desarrolladas por Filippo Brunelleschi en el encabalgamiento de los siglos XIV y XV. Toda la tecnología de imágenes parte de estas leyes funcionales de la perspectiva cónica, en el cine, la televisión y la informática moderna. Por supuesto que junto a las poderosas innovaciones cibernéticas de la TECNOLOGÍA 3 D. Pero, tanto en su forma estática como dinámica, lo fundamental está determinado por la producción de horizonte, razón fundamental de toda perspectiva.
 
                        ¿Por qué las leyes de la perspectiva en movimiento, en el estudio e intervención sobre la sociedad real, estarían liberadas de las severas restricciones al pensamiento y la acción que imperan en todas las otras formas de producir horizonte?
 
                        Para dar respuesta al interrogante que nos precede debemos situarnos en los momentos históricos de producción y reproducción de sentido, en el conocimiento que nos convoca.  Según los estudios contemporáneos más renombrados en historia y filosofía de la ciencia (Kuhn, entre otros); los cambios de ‘paradigmas’ (revoluciones) surgen de la resolución de problemas instalados en recónditos intersticios de determinados campos del saber, para luego expandirse por el todo social. Idéntica ley rige para los retrocesos (contrarrevoluciones). Es lo que ha ocurrido en los orígenes del llamado “Pensamiento Crítico” (en adelante PC) y que se ha expandido por todo el tejido académico e invade todo el campo popular: ¡Es esta una verdadera idea dominante! (Que atenaza las conciencias de las masas pensantes del planeta) y no lo que puedan decir TRUMP, THERESA MAY, ANGELA MERKEL, PUTIN o XI JINPING, en las que muy pocos creen de verdad…                       
 
                        En las ideas del ‘PC’ cree todo el mundo pensante. Diríamos que es casi una religión. No existe escuela, colegio, instituto o universidad en que los programas de estudio no estén presididos por la idea de fomentar el pensamiento crítico, para formar un intelectual crítico, un ciudadano crítico en el marco de una cultura, también, crítica ¿Cuál es el escenario para este mundo pensante? Una diversidad creciente de ‘cerebros’ electrónicos interconectados (Internet) brindan al fragmentado colectivo humano, a través de la red mundial (WWW), la posibilidad de unión y síntesis. Así emerge en minutos una multitud espontánea en España contra Aznar y la guerra, el Occupy Wall Street o los indignados. Son sólo una muestra de la potencia cibernética que une, informa y educa al mundo entero. La industria mecánica que alienó a la mujer, al niño y al hombre renace en la electrónica para [des]alienar la vida. Los poderes dominantes ven que el modo shopping de la alienación no puede contra el poder social de la conectividad. Por esta razón son tan fuertes las restricciones en oriente (China, Corea, Taiwán…) y en occidente renace un neo macartismo en la Web encabezado por EEUU.   El modo shopping se impone en las ideas, desde las raíces mismas del PC, en análogo distraccionismo. Inintencionadamente o no, conscientemente o no verdaderos ejércitos de ‘intelectuales y educadores’ entretenemos, distraemos, robamos la energía pensante a las masas del planeta. Es tan aplastante este esquema conceptual inhibidor que no podemos proyectar nuestro anhelo en nombre del recurso más preciado que tiene la humanidad ¡La ciencia! Nuestra esperanza de emancipación humana tiene amputado el horizonte de su devenir social. El pensamiento crítico ha despojado de la ciencia y de la cultura el complemento indispensable de todo pensar y actuar ¡Las creencias! Es el recurso escéptico de una época escéptica. De este modo se manifiestan las ideas donde están ausentes esas severas restricciones al pensamiento y la acción que permiten construir síntesis. Ideas de una época que ha combatido ‘los grandes relatos’ que unían la filosofía y la ciencia humana con el horizonte de su devenir.
 
                        El llamado PC no es estrictamente un pensamiento, en el sentido de una corriente de ideas integradas sino su antípoda; es una [poli]discursividad que apunta a una [meta]normatividad que excluye, justamente, la formación de verdaderos sistemas de pensamientos. Es el síntoma histórico/sociológico de una época carente de proyección social, de una época en que la intelectualidad, con raras excepciones[1], ha huido y huye de toda proyección social, de una época carente de la síntesis necesaria para todo verdadero pensamiento, de una época de gran fragmentación intelectual.   
 
                        ¿De dónde nace este verdadero giro copernicano, que ha quitado las certezas al horizonte del devenir humano? Del mismo modo que de recónditas minucias teóricas que relacionaron la tierra, los planetas y el sol surgió la concepción heliocéntrica (en las ideas del monje polaco Copérnico); la concepción retrógrada nació del pensamiento reaccionario de entre guerras. De un operativo ideológico que tiene por escenario la ciudad Suiza de Mont Pelerin y como actores al liberal Friedrich Hayek y el emigrado austriaco Karl Popper, entre otros, que inician una verdadera cruzada para ‘liberar el conocimiento científico’ de los principios de la causalidad y el determinismo[2] propios de la Ilustración y el socialismo ¿Cómo pudieron instalarse estos principios retrógrados? Con el recurso a los poderosos resortes que mueve la filosofía e historia de la ciencia del establishment anglosajón (los ingleses ya habían sido maestros de la ‘historia per se’, con su versión Whig), que encontraba en Popper a su nuevo profeta, para que instalara/divulgara los cánones de lo que debía ser ciencia y de lo que no ¿Cuál es el ‘acta de fundación’ del pensamiento crítico impulsado ‘desde la ciencia’? En Einstein, nada más ni nada menos, y en el experimento más renombrado de la historia de la ciencia (curvatura de la luz) va a encontrar Popper ‘fundamentos’ para la ‘auténtica actitud científica’ ante el conocimiento. En un verdadero ejercicio de prestidigitación teórico/metodológico define en que consiste el pensamiento anti dogmático. Este operativo crea un estereotipo artificial[3] de cientificidad para unir la ideología liberal a la ciencia, y de aquí nace el ideal crítico que reposaría en la duda, la inquietud y la permanente insatisfacción intelectual de sus protagonistas, opuesto a las formas dogmáticas del historicismo occidental representado por Platón-Hegel y Marx.
 
La duda, la inquietud, la insatisfacción intelectual no representan la psicología  del científico ni de la comunidad de ciencia sino que prefigura más bien al individuo con trastornos de conducta. Según Freud  no existe un límite entre lo que podría considerarse psicológicamente la conducta normal y la neurosis. La crisis debilita esta barrera móvil/permeable entre neurosis/normalidad, en provecho de la primera. El sujeto montado sobre un estereotipo artificial de cientificidad no puede sofocar el impulso real de la ciencia, de ahí que su proyección simbólica se exprese como trastorno (duda, inquietud, insatisfacción intelectual permanente).
 
                        La ciencia está guiada por el talante dogmático de los científicos[4]: no hay nada más despótico que una ley de la ciencia ¿Necesitamos ilustrar con ejemplos? Hay quienes pretenden, mediante un eclecticismo imposible[5], amalgamar el pensamiento de Popper con el de Kuhn, diciendo que el autor de la ERC (“La estructura de las revoluciones científicas”) analiza periodos conservadores y Popper los momentos de transformación. Esta homologación no sólo falsea la obra de Kuhn sino la historia de la ciencia misma. Kuhn, a través de una pirámide de erudición histórica, puso de manifiesto que no sólo en el transcurso de la ciencia normal la comunidad científica se guía por los principios dogmáticos, que le señala el paradigma, sino que en los momentos de crisis y de revolución esos principios se acentúan, porque la crisis no elimina el paradigma tradicional sino que le opone un competidor revolucionario, que cree tan firmemente en los nuevos postulados como los partidarios del tradicional en el suyo. Es por esta razón que los paradigmas aparecen irreconciliables, a tal punto de tornarse inconmensurables. Esta inconmensurabilidad se salda con el triunfo o la derrota de uno de los bandos en disputa. Ninguna regla o método de  trabajo por más diversidad que posea vulnera los principios paradigmáticos. Los científicos son más dogmáticos en el momento de la crisis y la revolución que en sus periodos de desarrollo normal. De otro modo, cómo podría sobrevenir el enfrentamiento, cómo podría producirse una revolución. La inquietud, la duda y la insatisfacción intelectual no pueden dirigir la ciencia normal y menos el proceso de la revolución[6]:

Pero el científico está imbuido del sentimiento de la causalidad universal. Para él, el futuro es algo tan inevitable y determinado como el pasado (…) su sentimiento adquiere la forma de un asombro extasiado (…) ante la armonía de la ley natural (…) todo el pensamiento y todas las acciones de los seres humanos no son más que un reflejo insignificante (Einstein [1924-1944] 2010: 57).
 
                        Son muchos quienes afirman que Karl Marx y Karl Popper son los dos filósofos de la política más destacados que ha dado el pensamiento occidental moderno, y esta sentencia que se ha repetido en medios académicos y en la prensa no carece de fundamentos porque ambos hablan en nombre de lo más preciado que tiene el pensamiento occidental ¡La ciencia! Marx expone los principios teórico/filosóficos que se adecuan a la clase de los asalariados modernos y su devenir, en oposición a la clase que detenta los medios para producir. En tanto Popper defiende la perspectiva caduca del sistema que los vio nacer. Adquiere sentido en ambas perspectivas filosóficas, cabalmente, lo que se entiende por clases sociales y la dinámica de su proyección histórica.
 
                        El pensamiento crítico se instala sobre una combinación de factores. A lo dicho debe agregarse el principio de indeterminación (incertidumbre), que surge en contrapunto con los principios de la causalidad y el determinismo. La física provee la base ontológica escéptica en que se sumirá el pensamiento occidental a partir de la tercera década del Siglo XX. Es el clima que barrerá con sangre, guerra y fascismo, las convicciones y el optimismo de la aurora revolucionaria del Siglo XX, obturando hasta nuestros días toda apuesta teleológica en el devenir.
 
El colapso y las imposturas intelectuales
 
                        Antes de intentar ‘exorcizar el hechizo’, describamos sucintamente el escenario que les permite al liberal Hayek y al emigrado austriaco Popper imponer la conjura. El Siglo XIX emparentó los conocimientos ligados a las ciencias naturales y aquellos que se abocaban a la sociedad. En un verdadero cañamazo inescindible se cruzaron los principios malthusianos, darwinistas, laplacianos, hobbesianos, smithianos, hegelianos, marxistas… para dar lugar a las revoluciones políticas, científicas, literarias y estéticas más notables que haya experimentado la humanidad.  Es interesante resaltar que el mayor fermento de la producción material e intelectual de la historia de la humanidad se dio en un momento histórico en que estaban ausentes las formaciones disciplinares, que harán historia entrado el Siglo XX (ilustrativo es el caso de su mayor erudito y genio creador, Karl Marx, cuya tesis doctoral es sobre física[7]). Einstein y Lenin son ese tipo último de pensadores universales que desaparecerán en el Siglo XX. Aquí está el apogeo, el cenit de ese fermento revolucionario que se expresa en los logros más notables de la física y de la política. La puesta en acción de principios rectores que dominaran el movimiento y la energía tanto de la masa atómica de la materia como la de esos átomos que hacen andar las fábricas y con ellas al mundo entero.
 
                        La cima de la conciencia social de este periodo histórico muestra al sujeto colectivo que ha hecho síntesis. Apoyado en este avance hablan los líderes, cuya estabilidad emocional, personalidad psíquica y templanza prefiguran al individuo maduro. Los individuos, que insertos en ese todo social en movimiento, son reclamados para que cumplan una obra histórica de gigantes. Es la ola de la historia la que encumbra la personalidad deslumbrante, como la disipación de su energía hace aflorar inevitablemente su reverso.
 
                        La clausura del proceso revolucionario en el este y su colapso simultáneo en el corazón de Europa (Alemania) darán por tierra con la matriz causal determinista, tanto en la física como en la política. No es casual que el máximo exponente de estos principios en la política sea expulsado de la URSS, en el mismo momento histórico que será expulsado de Alemania el máximo exponente del causal determinismo en la física: los argumentos son idénticos en ese año aciago ¡1927! La revolución en la física ha concluido dirán a Einstein, Bhor y Heisenberg, imponiendo el principio de incertidumbre, en el último gran Congreso Solvay. Del otro lado de los Urales Stalin sentenciará a Lev Davidovich Bronstein: la revolución permanente ha terminado, enviándolo a Siberia. Se abrirá el capítulo de la coexistencia pacífica. Derrotada la experiencia en el escenario real había que extirparla de la mente de los pueblos. Así lo formula claramente Josep Fontana:
 
Bolchevismo y Materialismo Histórico aparecían como las dos caras de la misma moneda, para cerrar el paso al uno en la realidad política, era necesario desterrar al otro de la mente de los hombres (Fontana 1982: 154).
     
                        El llamado PC y el estereotipo cientificista de raíz anglosajona tienen su origen en el colapso histórico de la matriz causal/determinista, que había guiado tanto la ciencia como la teoría social en su versión revolucionaria. Este colapso se produce en la tercera década del Siglo XX, en un proceso paralelo que sepulta esta matriz e impone los principios de la incertidumbre y el escepticismo. El PC[8] es a la teoría social lo que el cientificismo/positivismo y Popper/Lakatos representan para la ideología y la filosofía liberal en las ciencias naturales, cuyo estereotipo encumbra la filosofía e historia de la ciencia anglosajona, hasta la llegada de Kuhn en la década del 60. Kuhn restituye –con su idea de paradigmas- el modo historicista del desarrollo tanto de las ciencias naturales como de la teoría social: es en la tesis cardinal de la ERC (La Estructura de las Revoluciones Científicas) donde define el paralelo genético entre las revoluciones políticas y las revoluciones científicas (Kuhn [1962] 1996: pp. 149-150-151).
 
                        El desconcierto civilizatorio actual, la pérdida de los principios universalistas, el surgimiento de los regionalismos filosóficos como la decolonialidad, los nacionalismos, etc., tienen su razón de ser a partir del colapso de los procesos revolucionarios y su sustento filosófico. La ciencia es un fenómeno internacional desde sus orígenes. En el Siglo XXI este carácter adquiere preponderancia global en todas sus formas porque es inconcebible la vida de la especie en el planeta (que ha superado los siete mil millones de habitantes) sin la ciencia y la tecnología modernas. Las facetas degradantes de la actividad científico/tecnológica y política no surgen de la ciencia y la tecnología, ni de ningún eurocentrismo[9], sino de los intereses mercantiles multinacionales que sacrifican la salud humana, el medio ambiente y a todos los seres vivos del planeta en el altar de la tasa de ganancia. No es casual que sea en los bancos, y en su expresión financiera desquiciada, en donde se refleje de modo más aguda la crisis sistémica: este sistema no tiene patria, ni bandera, ni responde a una región. Es multinacional, universal.     
 
                        El mundo es cada vez más pequeño para las fuerzas productivas extraordinarias que la masa de la población civil ha desarrollado. Es esta población civil la que mueve y cambia el escenario del mundo. La obra realizada es descomunal y por ello aparecemos pequeños ante tanta riqueza, pero no debemos olvidar que es nuestra obra. Ante el rascacielos el obrero albañil aparenta una hormiga, pero de ‘esas hormigas’ depende todo edificio que ‘toca el cielo’, todo puente que vence el cauce del río y la máquina que le facilita el trabajo, también, depende de otra fuerza laboral humana.
 
                        Debe el pensamiento realizar la síntesis, el sujeto emanciparse [primero] en el cielo de la teoría, salir de esta dispersión intelectual y volver el rostro al momento antropomórfico pleno para que atruene la razón humana. Recuperar las leyes históricas de la perspectiva en movimiento de las metrópolis, y encauzar la vida del sujeto colectivo en las ideas. Debe el sujeto volverse hacia sí mismo, del espejismo de la magia virtual que le encandila, y encender la chispa libertaria que despliegue toda la luz de sus virtualidades latentes enajenadas… en su obra y en sí.
 
Colen C. Grant, Bs. As., nov. 19 de 2018
BIBLIORAFÍA
 
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[1] Sin el horizonte del comunismo, sin esta idea, no hay nada en el devenir histórico y político que tenga algún interés para un filósofo (Badiou, Alain [2007] 2010, en Hounie, comp.: 13).
 
[2] El combate liberal contra estos principios se ve reforzado por el clima hostil que surge de la primera posguerra, ver “Cultura en Weimar, causalidad y teoría cuántica: 1918-1297: Adaptación de los físicos y matemáticos alemanes a un ambiente intelectual hostil” (Forman, Paul: 1984). Similar adaptación y cambios habían protagonizado los ‘herederos’ (en los nombres de Horkheimer y Adorno) de la iniciativa revolucionaria frustrada que fundó el Instituto de Frankfort.
 
[3] Parece que si el análisis lógico de los productos científicos o la metodología popperiana consiste en esforzarse por elaborar unas reglas metodológicas que nadie usa, para una ciencia que nadie hace, podemos preguntarnos qué sentido tiene todo esto (Lakatos/Kuhn 1993: 37).
 
[4] nos gustaría describir esta investigación como una tentativa tenaz y ferviente de obligar a la naturaleza a entrar en los cuadros conceptuales proporcionados por la educación profesional” (Kuhn [1962] 1996: 26).
 
[5] La controversia Popper–Kuhn señala, a nuestra manera de ver, dos concepciones de la ciencia complementarias y desde todo punto de vista útiles para entender el dinamismo de la investigación científica. Kuhn al mostrar los aspectos dogmáticos del científico que se contenta con solucionar “enigmas” dentro de un paradigma establecido, señala un hecho histórico innegable: el desarrollo de la ciencia ha estado marcado por grandes períodos de calma intelectual, poco críticos y bastante conservadores. Pero Popper al poner el énfasis en la crítica permanente como el distintivo del verdadero investigador, está apuntando al “deber ser de la investigación científica”. El científico capaz de hacer avanzar la investigación no es el técnico, ni el ingeniero, sino aquel que se deja guiar por el espíritu filosófico, que es un... More > espíritu de inquietud, de duda, y de permanente insatisfacción intelectual.
Prada Márquez, Blanca I. (2006) Ciencia y Política en Karl Popper, Editorial UIS, Bucaramanga, Colombia.
 
[6] La actitud dogmática del científico deviene de las convicciones en su teoría y en los logros que le ha reportado en la práctica. Por ello está dispuesto a defender su teoría aun cuando en el contacto con la realidad surjan anomalías que la contradigan (sin estas convicciones no puede existir la ciencia). La acumulación de anomalías hace que surja una rivalidad paradigmática (diferente es el ciego dogmatismo religioso). El ataque crítico apunta a eliminar las convicciones paradigmáticas, como rasgo central del pensamiento científico, rasgo que lo une a la tradición historicista de la teoría social.
 
[7] Marx, k. ([1841] 1987) Tesis Doctoral – Diferencia entre la Filosofía de la Naturaleza de Demócrito y Epicuro, Premia Editora de Libros SA, Puebla, México.
 
[8] La deriva (con Horkheimer/Adorno) de la Escuela de Frankfort recala en los mismos lineamientos ontológicos básicos.
 
[9] Fueron las corrientes de pensamiento emancipadoras de la Europa misma quienes primero se levantaron contra el mercantilismo, el colonialismo, el capitalismo y su opresión sobre el niño, la mujer y el hombre. Aprendamos de ella antes de criticarla.

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