La democracia representativa no es – hablando con propiedad – un producto de la historia, es más bien una excrecencia de su proceso real. En realidad debiera haber titulado “de la tragedia moderna” porque sus consecuencias afectan al orbe completo contemporáneo.
La destrucción del orden monárquico y de sus trabas feudales lo acometieron los revolucionarios franceses con la “fantástica ilusión” de imponerle a la sociedad de la libre concurrencia el ‘traje democrático’ del orden antiguo:
“Robespierre, Saint Just y su partido perecieron por haber confundido la antigua comunidad realista – democrática, basada en la real esclavitud, con el moderno Estado representativo – democrático que descansa en la esclavitud emancipada. ¡Que gigantesca ilusión, tener que reconocer y sancionar en los derechos humanos la moderna sociedad burguesa (…) y al mismo tiempo, y a posteriori anular en algunos individuos concretos las manifestaciones de vida de esta sociedad, a la par que se quiere formar la cabeza política de esta sociedad a la manera antigua!.
Esta ilusión cobra tintes trágicos cuando Saint Just, el día de su ejecución y apuntando al gran cartel de los derechos humanos colgado en la sala de la Conciergerie, exclama con orgulloso amor propio: C’ est pourtant moi qui ai fait cela[1]. En aquel cuadro se proclamaba precisamente el derecho de un hombre que no pude ser ya el hombre de la comunidad antigua, del mismo modo que sus relaciones económicas e individuales no son ya las de la antigüedad”.
MARX, Karl, “La Sagrada Familia”, Editorial Grijalbo SA, México, 1962.
América Latina se hizo libre con el ‘traje político’ que cortaron los franceses, mucho después de cortarle la cabeza al rey, y hoy somos prisioneros de este ‘molde maldito’, exaltado hasta el paroxismo por los liberales y santificado por la ‘opinión pública’, pero encajonados en un molde, cualquier molde la historia se detiene y esa ha sido la guerra liberal del último siglo contra un destino superador para la humanidad. Hoy la historia se viste nuevamente de cambio desde Venezuela a Bolivia, de Nicaragua al Ecuador y los liberales (que ni siquiera son liberales, como afirmé en otro escrito), que mejor dicho son los ideólogos de los ‘organismos multilaterales’ y los intereses de las multinacionales, es decir de los gendarmes financieros que no sólo impiden el desarrollo de los pueblos en sus propias metrópolis, sino que por partida doble frenan el desarrollo de las naciones ‘periféricas’ y aplastan a sus ciudadanos.
Los ideólogos del ‘liberalismo posmo’ están inquietos, la historia viva, la historia real esa que se compone de pueblos, del abigarrado mapa de los desposeídos, esa historia vuelve a dar que hablar y los ‘liberales posmo’ se sienten inseguros. Los ‘liberales posmo’ pueden no saber mucho de historia liberal, pero sí saben, como saben sus mandantes de lo que a la historia liberal le hace mal, por eso hoy respiran aliviados – aunque no del todo – porque a Chávez y a su ‘aventura peligrosa’ le ha ido mal. No pueden respirar aliviados – totalmente - porque como ‘ríos de lava’ emergen aquí – allá y acullá las erupciones de un mismo proceso: en Chávez se ralentiza constitucionalmente el proceso, pero es sólo eso, pierde velocidad su marcha. Porque es la historia que se viste de Chávez y no Chávez quien viste a la historia; para los agnósticos, para los escépticos que no pueden conocer la ‘ambigüedad’ del proceso del devenir real, que no pueden captar la doble dimensión del proceso determinado por las fuerzas de la historia y los sujetos actuantes, para los que no pueden concebir otro modo del conocer que no sea esa estrecha logicidad hija de la ideología liberal/popperiana en filosofía de las ciencias(al servicio de la ideología anglo/norteamericana), que sólo capta los ‘ordinarios objetos reales’ y a los hombres cosificados como el agente principal, sin poder percibir las fuerzas que fluyen entre ellos y los campos de poder que se generan entre las clases, para todos ellos mi lenguaje resultará extraño[2] y quizás, los intelectuales que reniegan de las leyes de la historia, de su cientificidad, etc.; también, se mofen de este ‘determinismo’; no nos sentiremos afectados si logramos que las personas curiosas se interesen e indaguen (eso beneficiaría a las ciencias) en la necesidad de devolverles el parentesco a los distintos campos del saber; como lo supo hacer siempre la ‘buena ciencia’ aunque esta sencilla verdad haya quedado sepultada por la marea – en retirada – fragmentadora del saber.
Decíamos que los ‘liberales posmo’ pueden no saber mucho de historia liberal, pero sí saben lo que a la historia liberal le hace mal, por eso ‘cacarean’ en nombre de ‘la democracia’, de la ‘demo’ que inventaron los franceses para negarle el kratos (gobierno) al demos (pueblo). Con esa ‘calidad’ que tienen los franceses para idear formas, pero las formas por más geniales que sean sus creadores son sólo eso ¡formas!; y las formas jamás pueden escapar a su contenido, y el contenido, ese contenido del mundo moderno atrapado en las formas vuelve potenciado a chocar con su molde: todos sabemos lo que pasa con la dura cáscara del huevo cuando el polluelo desarrolla en plenitud sus fuerzas.
Hay que ser necio o escéptico crónico para no ver un parentesco procesual entre las tendencias al protagonismo de las masas bolivianas, venezolanas o nicaragüenses y – por ejemplo - los intentos chavistas o sandinistas de expresar ‘hibridamente’ esta tendencia. A los ideólogos liberales no se les escapan los esbozos de estas tendencias, por eso les preocupa (como lo señala Oppenheimer desde Managua) que los Sandinistas hayan anunciado por boca de su presidente Daniel Ortega la creación de los Consejos del Poder Ciudadano (CPC). Reproduce el analista de MIAMI – citando a la derecha del país de Sandino – las palabras del ex candidato que compitiera con Ortega en el 2006: “hay un claro intento por tomar control a la fuerza de las instituciones y romper el orden constitucional y el Estado de derecho”[3] u otro de la delantera liberal del equipo de editorialistas del Río Negro que opera desde Madrid, como Aleardo F. Laría, quien refiriéndose a la Reforma de Chávez denuncia los intentos del presidente venezolano de crear a través de ‘La Reforma’ el poder Popular: “Muestra de la confusa retórica reformista era la propuesta de creación del "Poder Popular" (artículo 136) que "no nace del sufragio ni de elección alguna sino de la condición de los grupos humanos organizados como base de la población”[4]
El invento francés nos pone entre la espada y la pared: no es como nos dice la legisladora recientemente electa del MPN – Graciela Muñiz Saavedra[5] – citando a su modo a Rosa Luxemburgo (¡Vio usted – son síntomas de los tiempos – nada más ni nada menos que citar a ‘nuestra Rosa’!), que la demo tendría la “dulce piel de una fruta por fuera”, sinónimo de la igualdad y bla bla bla; y por dentro “un hueso duro” que representaría la desigualdad social. No, Rosa Luxemburgo dice que la democracia burguesa tiene “una piel atractiva pero que esconde un hueso duro”, para señalar la dualidad engañosa de las formas de dominio del capital, que por un lado te muestra el ‘dulce de la libertad, la igualdad’, para esconder “el hueso duro” de la dictadura del capital.
Dijo Jean Paul Sartre: “el marxismo es el horizonte intelectual de nuestra época”. Nada han generado los intelectuales posmo que pueda alterar la afirmación de Sartre, por eso la historia pone tozuda y persistentemente al Socialismo como horizonte cada vez que los pueblos recuperan - pagando con sangre - su protagonismo. El invento francés - con la hechura negadora del bello concepto y el soberano ágora que crearon los griegos - debe dejar paso a la manifestación popular como el principio de la máxima expresión democrática. La gastada y devaluada demo representativa – que niega el derecho a deliberar y decidir - se hundirá, no para repetir la sangría de los gendarmes del capital sino, para que por siempre los pueblos y sus organizaciones de lucha puedan ¡por fin! ser los dueños de su destino.
La destrucción del orden monárquico y de sus trabas feudales lo acometieron los revolucionarios franceses con la “fantástica ilusión” de imponerle a la sociedad de la libre concurrencia el ‘traje democrático’ del orden antiguo:
“Robespierre, Saint Just y su partido perecieron por haber confundido la antigua comunidad realista – democrática, basada en la real esclavitud, con el moderno Estado representativo – democrático que descansa en la esclavitud emancipada. ¡Que gigantesca ilusión, tener que reconocer y sancionar en los derechos humanos la moderna sociedad burguesa (…) y al mismo tiempo, y a posteriori anular en algunos individuos concretos las manifestaciones de vida de esta sociedad, a la par que se quiere formar la cabeza política de esta sociedad a la manera antigua!.
Esta ilusión cobra tintes trágicos cuando Saint Just, el día de su ejecución y apuntando al gran cartel de los derechos humanos colgado en la sala de la Conciergerie, exclama con orgulloso amor propio: C’ est pourtant moi qui ai fait cela[1]. En aquel cuadro se proclamaba precisamente el derecho de un hombre que no pude ser ya el hombre de la comunidad antigua, del mismo modo que sus relaciones económicas e individuales no son ya las de la antigüedad”.
MARX, Karl, “La Sagrada Familia”, Editorial Grijalbo SA, México, 1962.
América Latina se hizo libre con el ‘traje político’ que cortaron los franceses, mucho después de cortarle la cabeza al rey, y hoy somos prisioneros de este ‘molde maldito’, exaltado hasta el paroxismo por los liberales y santificado por la ‘opinión pública’, pero encajonados en un molde, cualquier molde la historia se detiene y esa ha sido la guerra liberal del último siglo contra un destino superador para la humanidad. Hoy la historia se viste nuevamente de cambio desde Venezuela a Bolivia, de Nicaragua al Ecuador y los liberales (que ni siquiera son liberales, como afirmé en otro escrito), que mejor dicho son los ideólogos de los ‘organismos multilaterales’ y los intereses de las multinacionales, es decir de los gendarmes financieros que no sólo impiden el desarrollo de los pueblos en sus propias metrópolis, sino que por partida doble frenan el desarrollo de las naciones ‘periféricas’ y aplastan a sus ciudadanos.
Los ideólogos del ‘liberalismo posmo’ están inquietos, la historia viva, la historia real esa que se compone de pueblos, del abigarrado mapa de los desposeídos, esa historia vuelve a dar que hablar y los ‘liberales posmo’ se sienten inseguros. Los ‘liberales posmo’ pueden no saber mucho de historia liberal, pero sí saben, como saben sus mandantes de lo que a la historia liberal le hace mal, por eso hoy respiran aliviados – aunque no del todo – porque a Chávez y a su ‘aventura peligrosa’ le ha ido mal. No pueden respirar aliviados – totalmente - porque como ‘ríos de lava’ emergen aquí – allá y acullá las erupciones de un mismo proceso: en Chávez se ralentiza constitucionalmente el proceso, pero es sólo eso, pierde velocidad su marcha. Porque es la historia que se viste de Chávez y no Chávez quien viste a la historia; para los agnósticos, para los escépticos que no pueden conocer la ‘ambigüedad’ del proceso del devenir real, que no pueden captar la doble dimensión del proceso determinado por las fuerzas de la historia y los sujetos actuantes, para los que no pueden concebir otro modo del conocer que no sea esa estrecha logicidad hija de la ideología liberal/popperiana en filosofía de las ciencias(al servicio de la ideología anglo/norteamericana), que sólo capta los ‘ordinarios objetos reales’ y a los hombres cosificados como el agente principal, sin poder percibir las fuerzas que fluyen entre ellos y los campos de poder que se generan entre las clases, para todos ellos mi lenguaje resultará extraño[2] y quizás, los intelectuales que reniegan de las leyes de la historia, de su cientificidad, etc.; también, se mofen de este ‘determinismo’; no nos sentiremos afectados si logramos que las personas curiosas se interesen e indaguen (eso beneficiaría a las ciencias) en la necesidad de devolverles el parentesco a los distintos campos del saber; como lo supo hacer siempre la ‘buena ciencia’ aunque esta sencilla verdad haya quedado sepultada por la marea – en retirada – fragmentadora del saber.
Decíamos que los ‘liberales posmo’ pueden no saber mucho de historia liberal, pero sí saben lo que a la historia liberal le hace mal, por eso ‘cacarean’ en nombre de ‘la democracia’, de la ‘demo’ que inventaron los franceses para negarle el kratos (gobierno) al demos (pueblo). Con esa ‘calidad’ que tienen los franceses para idear formas, pero las formas por más geniales que sean sus creadores son sólo eso ¡formas!; y las formas jamás pueden escapar a su contenido, y el contenido, ese contenido del mundo moderno atrapado en las formas vuelve potenciado a chocar con su molde: todos sabemos lo que pasa con la dura cáscara del huevo cuando el polluelo desarrolla en plenitud sus fuerzas.
Hay que ser necio o escéptico crónico para no ver un parentesco procesual entre las tendencias al protagonismo de las masas bolivianas, venezolanas o nicaragüenses y – por ejemplo - los intentos chavistas o sandinistas de expresar ‘hibridamente’ esta tendencia. A los ideólogos liberales no se les escapan los esbozos de estas tendencias, por eso les preocupa (como lo señala Oppenheimer desde Managua) que los Sandinistas hayan anunciado por boca de su presidente Daniel Ortega la creación de los Consejos del Poder Ciudadano (CPC). Reproduce el analista de MIAMI – citando a la derecha del país de Sandino – las palabras del ex candidato que compitiera con Ortega en el 2006: “hay un claro intento por tomar control a la fuerza de las instituciones y romper el orden constitucional y el Estado de derecho”[3] u otro de la delantera liberal del equipo de editorialistas del Río Negro que opera desde Madrid, como Aleardo F. Laría, quien refiriéndose a la Reforma de Chávez denuncia los intentos del presidente venezolano de crear a través de ‘La Reforma’ el poder Popular: “Muestra de la confusa retórica reformista era la propuesta de creación del "Poder Popular" (artículo 136) que "no nace del sufragio ni de elección alguna sino de la condición de los grupos humanos organizados como base de la población”[4]
El invento francés nos pone entre la espada y la pared: no es como nos dice la legisladora recientemente electa del MPN – Graciela Muñiz Saavedra[5] – citando a su modo a Rosa Luxemburgo (¡Vio usted – son síntomas de los tiempos – nada más ni nada menos que citar a ‘nuestra Rosa’!), que la demo tendría la “dulce piel de una fruta por fuera”, sinónimo de la igualdad y bla bla bla; y por dentro “un hueso duro” que representaría la desigualdad social. No, Rosa Luxemburgo dice que la democracia burguesa tiene “una piel atractiva pero que esconde un hueso duro”, para señalar la dualidad engañosa de las formas de dominio del capital, que por un lado te muestra el ‘dulce de la libertad, la igualdad’, para esconder “el hueso duro” de la dictadura del capital.
Dijo Jean Paul Sartre: “el marxismo es el horizonte intelectual de nuestra época”. Nada han generado los intelectuales posmo que pueda alterar la afirmación de Sartre, por eso la historia pone tozuda y persistentemente al Socialismo como horizonte cada vez que los pueblos recuperan - pagando con sangre - su protagonismo. El invento francés - con la hechura negadora del bello concepto y el soberano ágora que crearon los griegos - debe dejar paso a la manifestación popular como el principio de la máxima expresión democrática. La gastada y devaluada demo representativa – que niega el derecho a deliberar y decidir - se hundirá, no para repetir la sangría de los gendarmes del capital sino, para que por siempre los pueblos y sus organizaciones de lucha puedan ¡por fin! ser los dueños de su destino.
[1] Y, sin embargo fui yo quien hizo eso. (N del E).[2] Para las ciencias que se enfrentaron a la dinámica y el movimiento; tanto para la física como para la historia lo que determina el comportamiento de los cuerpos lo constituyen las fuerzas que actúan entre ellos: la Teoría de Campos (Albert Einstein) que explica el movimiento de los cuerpos es el pilar de la Relatividad. El Análisis de Tendencias (Lenin) que considera a éstas como fundamental para explicar el movimiento de masas conlleva un parentesco epistemológico con las ideas del gran físico (como diría Holton: invariables teóricas). Einstein y Lenin son contemporáneos (también socialistas) y es curioso que utilicen un lenguaje común para desentrañar las causas del movimiento de – como ambos se expresaron – sus multitudes (átomos y hombres). [3] OPPENHEIMER, ANDRÉS, “La Oleada Autoritaria”, Diario Río Negro, 4.12.07, p. 20[4] LARÍA, Aleardo, “La Derrota de Chávez, Diario Río Negro, 7.12.07, p. 24[5] MUÑIZ SAAVEDRA, Graciela “Las buenas Intenciones”, Diario Río Negro, 5.12.07, p. 20
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