Afilada en el Sheraton, con la inestimable colaboración y asesoramiento de sus pares de la Mont Pelerin Society, la lengua de Vargas Llosa se expresará plena en la inauguración de la Feria del Libro de Buenos Aires. No arriesgaré a pronunciarme acerca del ‘adorno y las exquisiteces’ literarias con que el Nóbel ‘degustará’ al público de la Feria; en primer lugar por falta de formación literaria y además porque no hace al cometido de mi escrito que apunta al trasfondo filosófico/político del discurso. En este punto asumo el riesgo, con toda irresponsable audacia, de prever los lineamientos y contenidos que el gran escritor desarrollará; con mayor razón, luego del ‘pié’ inoportuno y equivocado que le han ofrecido los hombres de letras del gobierno.
Vargas Llosa dirá, además de resaltar las virtudes y virtualidades latentes de la cultura argentina, de sus exponentes literarios, etc. etc., que todo ese reservorio que hizo de la argentina una nación europea en América está en franca decadencia y con riesgos de desaparecer y señalará como causas dos ‘males’ fundamentales: el populismo y el nacionalismo. En este escrito trataremos de probar que las ideas fundamentales con las que Vargas Llosa impugnará el proceso político populista que se desarrolla en América Latina, y por extensión todo proceso de desarrollo colectivo, no sólo enfrentan un proceso de irreversible decadencia sino que representan la negación de lo que enuncian (negación de la negación diría la dialéctica hegeliana).
Vargas Llosa se ha esforzado como pocos literatos en vincular todo proyecto colectivo con resabios atávicos del pasado primitivo, cuando el hombre, según el peruano, estaba prendado del grupo o del clan y aun no había desarrollado una personalidad madura, la que llegaría con el proceso civilizatorio del progreso occidental. Este es el reino, para el escritor, del desarrollo de la individualidad plena en contraposición a la pertenencia del hombre a un vínculo clánico, colectivo, primitivo que lo llevaría por “El camino de la servidumbre” y limitaría el ejercicio de otro de los valores esenciales que enuncia la concepción liberal y Vargas Llosa, tal es el valor de la libertad.
Este vínculo del progreso con un desarrollo lineal progresivo y ascendente le impide apreciar a Vargas Llosa la complejidad y contradicciones del desarrollo de la civilización. Las grandes construcciones teóricas de la modernidad del estilo de Hegel o andando el tiempo la concepción Whig de la historia impusieron ese orden en el desarrollo de la cultura que le hizo pensar a Francis Fukuyama en el fin de la historia. Pero, ya en su portentoso edificio filosófico Hegel manifestaba la dificultad para ubicar en el pasado (al decir de Vargas Llosa, ‘poco desarrollado’), por ejemplo, el alcance de las artes y el pensamiento filosófico griego.
Desde nuestro punto de vista aprovecharemos la oportunidad para mostrar o demostrar la orientación errónea, infecunda y retrógrada de esta visión ideológica; para ello nos apoyaremos en distintas facetas que hacen al desarrollo tanto de la historia y filosofía de las ciencias, como de la filosofía de las artes y la literatura. En el sentido señalado, lo que ha puesto de manifiesto la revolución científica y cultural que se abre paso en las últimas décadas. Sí, para el autor de estas líneas, no todo es decadencia en el proceso del desarrollo contemporáneo y aunque parezca paradójico, esta revolución nace en el centro del poder del cual vargas Llosa es su acérrimo defensor. Como venganza de la ‘dialéctica de la historia’, tan denostada por el gran escritor, resurge en el horizonte del pensamiento la interpretación historicista del proceso de desarrollo del conocimiento desde el centro del poder imperial y en el área más preciada de las ciencias del sistema, la física teórica, que se estudia a sí misma (hace su historia) y descubre de ese modo que el edificio liberal/positivista construido por la filosofía de la ciencia anglosajona (Hayeck/Popper) resultó un estereotipo artificial e ideológico que nada tenía que ver con el trabajo de las comunidades científicas: es el gran valor de la idea de paradigma del gran físico teórico e historiador de las ciencias Thomas Samuel Kuhn. Las ideas de Kuhn se han instalado en el proceso del desarrollo de la cultura en general y no existe ámbito, sean las artes, la música, la literatura, la poética o la política donde no estén presentes. Es un triunfo de la visión historicista y comunitaria del desarrollo histórico contra el individualismo liberal.
Es necesario aclarar con episodios puntuales la visión que presentamos para que la generalización no adolezca de ejemplos concretos: Paul Feyerabend, el filósofo austriaco nacionalizado y educado en Estados Unidos, pone de manifiesto, contra la visión lineal de la historia y la fragmentación del conocimiento tan propia de la visión liberal/positivista, la noción de “voluntad estética en el arte” desarrollada por Alois Riegl. Riegl criticará la concepción ‘lineal evolutiva’ de Vasari al arte paleocristiano romano, tomado éste como fenómeno de decadencia con relación a la producción clásica griega. El notable trabajo heurístico de Riegl permite descifrar la voluntad estética que guía la producción del arte romano antiguo, que se muestra contrario en su realización a los cánones clásicos que le impone Vasari. De la idea de voluntad estética nacen los ‘cánones de estilo’ que han guiado los lineamientos de la mayoría de las escuelas de las artes y la música del mundo moderno y contemporáneo y sin los cuales el romanticismo, el expresionismo, el cubismo y tantas otras escuelas no habrían existido.
Toda esta matriz del conocimiento, que señalamos en el parágrafo anterior, está íntimamente emparentada ¡Oh Satán! Con el Materialismo Histórico; cenit del historicismo, tan vilipendiado por Hayeck y karl Popper, por ejemplo, el primero en “El camino de la servidumbre” y Popper en “Miseria del historicismo” o en “La sociedad abierta y sus enemigos”. No sólo las artes, la música y la cultura en general, sino también las ciencias han aprendido que no todo producto del pasado es sinónimo de atraso: la sensibilidad humana, la creatividad, la imaginación no están atadas férreamente a las condiciones materiales y sociales de existencia, sino sólo condicionadas y este condicionamiento puede favorecer como inhibir una faceta u otra de la compleja producción de una cultura por más pasado remoto en que se encuentre.
Sí lo primitivo es sinónimo de atraso ¿Qué decir del arte prehistórico? ¿Podemos catalogar de primitivas al estilo de Vargas Llosa (es decir rudo, propio de personalidades inmaduras, etc. Etc.) las exquisitas pinturas rupestres de las cuevas de Altamira en España plasmadas en las rocas hace miles de años?.
Las ideas de estilo, paradigmas, episteme o weltanschauung pertenecen a la matriz del historicismo que tuvo diferentes ciclos en la modernidad y en su apogeo elaboró esa síntesis estética del desarrollo histórico de sociedad y naturaleza con la figura espiralada del desarrollo del espacio, el tiempo y con ello todas las entidades y seres que los habitamos. La figura del espiral supera la idea del círculo (llevada hasta lo sublime por la filosofía clásica helena) que lo precedía, porque rompe la idea del eterno retorno, cuando la humanidad advertía a través del raudo progreso de la manufactura y el mercantilismo que el esplendor del pasado greco romano quedaría para siempre como la ‘infancia feliz’ de la humanidad.
Los compañeros de ruta de Vargas Llosa, popes del liberalismo, dirán que todas esas analogías son fruto de un pensamiento mítico/animista y que nada tienen que ver con el examen científico de la historia, del arte o de la literatura y vargas Llosa lo suscribirá. Pero cada día se advierte con mayor conciencia en todos los ámbitos intelectuales que ‘los cruzados’ del estilo de Popper/Hayeck y todas las escuelas (Círculo de Viena, Mont Pelerin Society, etc.) que los secundaron fueron ideólogos pagos o rehenes del ‘terror ideológico’ liberal contra el pensamiento historicista ligado a la concepción revolucionaria del desarrollo histórico en todos los ordenes del conocimiento de naturaleza y sociedad.
Las ‘matrices de pensamiento’ que destacamos permiten, por ejemplo, a la física subatómica contemporánea ver en la filosofía antigua de la naturaleza de Heráclito ‘intuiciones anticipadas’ acerca del conocimiento de la estructura de la materia más agudas que en todo el desarrollo de la física clásica moderna y con mayor emparentamiento con el paradigma de la física relativista o redescubrir en el ‘programa astronómico’ aristotélico una visión más cercana a la contemporánea acerca de la estructura física del universo que las ideas del moderno Newton. Pero, las analogías no entran en el estereotipo logicista y matematizante que construyó la filosofía liberal/positivista como imagen de “la ciencia”. Estereotipo ideado para condenar al reino del las seudociencias el pensamiento ligado a los sujetos históricos de la sociedad. Con esta operación ideológica castraron del pensamiento en occidente ‘su alma’ antropocéntrica esencial.
Volvamos al centro del debate que instalará Vargas Llosa, defensor del diálogo y en contra de los métodos piqueteros, porque estos mostrarían el lado bárbaro de la personalidad humana. En realidad, mirado concienzudamente el tema, de la tradición piquetera se puede extraer principios morales más edificantes que de los representantes de la personalidad madura que postula vargas Llosa como ejemplos. Lo mismo se podría decir del examen del ‘pasado piquetero’: la irrupción popular del 17 de octubre de 1955. Los juicios de Vargas Llosa, aunque con mayor refinamiento conceptual, dicen lo mismo que aquellos que denominaron en el pasado ‘aluvión zoológico’ a la gesta popular que rescató de la cárcel al general Perón y nadie dudaría que del 17 de octubre se pueden extraer no sólo principios morales más edificantes que los que se pueden extraer de los representantes ‘vargallosinos’ de la personalidad madura. Tomemos un ejemplo: vargas Llosa acaba de pronunciarse con relación al premier italiano Silvio Berlusconi. Todos tenemos una idea acerca de la personalidad de Silvio Berlusconi aunque no vivamos en Italia. Oigamos a vargas Llosa, el escritor: “lamenta que en el extranjero se subestime a Berlusconi, pues le parece imposible que sean ciertas las acusaciones de “superficial, poco culto y de dudosa ética de quien ha dirigido un país tan complejo como Italia”. Berlusconi, para Vargas Llosa, “es un político con un instinto extraordinario”. Sorprende y espanta la declaración porque el cinismo, el deprecio por la dignidad de la mujer, la frivolidad, la prepotencia, el derroche, la hipocresía, la manipulación de las leyes, de los jueces y del parlamento pocas veces fueron tan notables en un gobernante como lo es en Berlusconi, pero Vargas Llosa lo ha elogiado. Ha elogiado a Berlusconi, porque para Vargas Llosa la historia se explica a partir del individuo de personalidad madura y no al revés como sostienen los partidarios de proyectos colectivistas que se relacionan con gente que en vez de ponderar el diálogo fomenten, como diría el cardenal Bergoglio, la crispación (todos conocen que, jugando con las palabras, corrientes que militan con la presidenta unieron “Cris con pasión o sea Crispasión”… De ahí que todo el establishment exalte el diálogo y condene, como vargas Llosa, ‘la CRISpación’.
Los que luchamos y justificamos los piquetes no lo hacemos porque nos deleiten el humo, los palos, las piedras, es decir, la violencia. Pero, hubiera sido muy edificante que Vargas llosa hubiese dado una ‘receta’ a los argentinos para salir airosos de la década del 90 y el 2001. Cree vargas llosa que Néstor kirchner habría podido obtener la quita del 75% de la deuda con los bancos internacionales de no haber sido por el fuego en todas las rutas del país y el estallido del 2001 que insinuó llevarse puesto a todo el establishment político de una vez ¡Qué ejemplo para el mundo!. A diferencia de lo que ocurre con las manifestaciones actuales en Grecia; en la Argentina no sólo se apuntó al poder, sino que también se construyeron ‘órganos’ que apuntaban a superarlo. Fue embrionario, es cierto, pero el futuro dirá si convalida o no a los que pueden reírse de estas afirmaciones (¿quien no se hubiera reído si a comienzos de los 80 alguien planteaba que en América Latina tendríamos jefes de estado hablando de Socialismo?). Por otro lado Vargas llosa dice condenar a las dictaduras, pero las dictaduras se impusieron desde los centros del poder y la ideología liberal que Vargas Llosa defiende. Centros que hoy atacan el proceso de cambio en América Latina cuando ‘ayer’ promocionaron a las dictaduras.
El populismo tiene límites insuperables como política de liberación, pero no es con Vargas Llosa con quien deben dirimirse esas limitaciones, Vargas llosa está en la vereda de enfrente y su posicionamiento lo inhabilita en un doble sentido, por el lado político, por su adscripción a la ideología liberal y a los centros del poder que la promocionan y por otro, porque denosta desde un pedestal cuya soberbia le impide ver las cualidades morales y las virtudes sociológicas de sus adversarios. Los que amamos la cultura, el arte, la literatura y todas las formas de la belleza y las virtudes, queremos abandonar el pasado de violencia y alcanzar el bien y la felicidad, pero sabemos que no será suficiente con la buena educación y las formas delicadas del diálogo. En el remolino espiralado de la historia urdido por la necesidad los hombres creen reencontrarse con un pasado remoto, donde acosados bestialmente por las condiciones naturales (hoy acosados bestialmente por las condiciones sociales) supieron abrirse camino bajo un manto de estrecha e infinita fraternidad. La filogénesis de la especie aguijonea al hombre contemporáneo ‘en el piquete’ y le apunta a la esperanza libre de su devenir. Todo el proceso histórico muestra que existen en cada complejo cultural como un conjunto de virtualidades latentes de la especie (¿de donde surgirían las asambleas populares que en diciembre 2001 pidieron ¡Que se vayan todos!?) que alumbran, por así decirlo, el porvenir.
Así como el pensamiento antiguo pudo descifrar la estructura dinámica de la materia que sólo los modernos ordenadores le permiten a la ciencia subatómica captar; la ciencia de la historia en el terreno sociológico, también, toma el pasado con su reservorio de experiencias para alumbrar el devenir: Marx no inventó el comunismo y tampoco lo descubrió (que lo digan los Levellers ingleses ‘hijos filogenéticos’ del comunismo primitivo’); no hizo nada más, pero tampoco nada menos, que darle la forma que todas las ciencias dieron en el Siglo XIX a la materia prima del conocimiento que proviene de la remota antigüedad.
El desarrollo en todos los ámbitos del conocimiento, se dirime en última instancia en el terreno político/ideológico. Es difícil advertir que sea en este terreno, dado el fango con el que los ‘hombres de personalidad madura’ cubren la actividad y conocimiento más específicamente humano.
Colen C. Grant Buenos Aires, abril 14 de 2011.
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