miércoles, 30 de marzo de 2011

"Un film que avergüenza"

Por qué afirmo que avergüenza el film “Decile a Mario que no Vuelva” del realizador uruguayo Mario Handler, presentado en el “1º Festival de Cine Político en Buenos Aires”. Avergüenza porque exhibe -en igualdad de condiciones- imágenes visuales con las expresiones más degradantes de los exponentes de la última dictadura uruguaya junto a sus víctimas, porque muestra en un primer plano a dignos referentes populares, como Mauricio Rosencof y otros, junto a delatores, ‘servicios’ y torturadores que pueden exponer sin pudor y sin vergüenza las tácticas del genocidio. Los tenebrosos personajes manchan sin ningún tipo de censura, por parte del realizador, la dignidad del las víctimas, especialmente a las mujeres; cuando muestra los argumentos del ‘servicio’ que afirma que las violaciones ocurrían producto de las provocaciones de las secuestradas con sus carceleros y que éstas incitaban a sus verdugos e insinúa que lo hacían por ‘sequía’ sexual. Handler es el exponente en el cine –conciente o no- de una tendencia política en el Uruguay que apunta a corroer por dentro los esfuerzos por hacer justicia con los genocidas que malograron los ‘sueños’ de los setenta y nos impusieron la pesadilla neoliberal; que hoy hacemos retroceder en toda América Latina. Pero además (por lo que pude apreciar en un breve diálogo con el realizador) es prisionero de la filosofía posmoderna, que con supuesta base científica afirma la necesaria prescindencia de los juicios de valor o ideológicos en la producción artística o científica, en contra del pensamiento comprometido con una determinada visión de la vida, de las cosas o del arte. La ‘cámara neutra’ que reivindicó, ante quien suscribe este escrito, el realizador uruguayo no impide su ‘visión intencionada’, que es colaborar con quienes quieren borrar los enfrentamientos de ayer con el ‘libreto de la reconciliación’ en la mano. Consigna que el cineasta hace explícita como uno de los objetivos del film. La ‘cámara neutra’ de Handler ‘no hace ninguna mueca’ de rechazo o desaprobación cuando uno de sus personajes expone las miserias de la cobardía con el peor lenguaje. Todo el film está bajo el influjo de una ‘estética’ y una ‘poética’ de la neutralidad valorativa. Juicio ‘poético/estético’ que se ha instalado hasta el presente con la ‘filosofía’ del “fin del arte”, “fin de la historia” y tantos otros ‘fines’, de la intención posmoderna, por borrar el horizonte ideológico del compromiso y de la esperanza en las artes y las ciencias. No se conoce desde la poética de Aristóteles en adelante, ningún periodo intermedio de mayor descenso del pensamiento, pasando por Brunelleschi, Alberti (León Battista), Hegel o Trías por mencionar un contemporáneo; de aridez en los juicios y la producción ‘teórica’ sobre el arte (también en las ciencias) que en la ‘filosofía’ posmoderna. Es mayor el contraste cuando se presenta este film, que criticamos, en Buenos Aires. Ciudad que fue y es la vanguardia en la lucha latinoamericana por hacer justicia con los genocidas de ayer e incluso avanza contra sus cómplices No censuro los recursos visuales (sean éstos cuales fueren) del cineasta, sino que estén puestos con ‘sentido neutro’ y al servicio de un explícito objetivo de reconciliación -con los genocidas- como los muestra el film. Los personajes de Handler (que son los esbirros reales de la dictadura y no de ficción) debieran estar, no en el film sino, en un presidio o por lo menos denunciados por el cineasta por apología del crimen y el genocidio. Colen Grant Buenos Aires, marzo 29 de 2011.

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