Porque el problema del devenir, del futuro, es el más acuciante de la civilización actual. Su resolución es un dilema que debe involucrar el saber de las ciencias y la filosofía como lo ha sido en occidente en cada periodo de desarrollo de sus complejos histórico/culturales. Y ésta resolución comporta una dimensión teleológica que sólo puede encontrar respuesta – hablando metafóricamente – en”El Cielo...” de una civilización. Es un problema de ‘universo proyectivo’ - no ilusorio – no utópico, sino tendencial con base en la cultura actual. Con la misma ‘legitimidad científica’ que la física celeste, astronómica explora universos posibles de “X” dimensiones, la HISTORIA como ‘madre’ de todas las ciencias – no sólo debe indagar acera del devenir – ciega evolución – sino poner en escena la voluntad humana… Uno podría concebir una total libertad para la voluntad humana, pero la realidad nos muestra que ésta se encuentra atravesada por poderosas fuerzas y de lo que se trata es de intervenir con la voluntad conciente en el escenario de esas fuerzas histórico/sociales...
Originalmente concebí la idea de "El Cielo de los Ateos" en función de que las ciencias deben pautarr todo acto de conocimiento en oposición a toda fantasía religiosa. Mi premisa no parte de considerar las fantasías - sean éstas del arte o la religión - como irreales, sino como alejadas de las tendencias históricas que imponen al mundo un determinado curso de la realidad. Por ejemplo: es pura fantasía creer que las sociedades precolombinas evolucionarían de un modo distinto - en sus razgos generales - a las venidas de Asia/Europa (si 'el encuentro' se hubiese retrasado).
Oponer la función teleológica de las ciencias a la función teológica de la religión aparece como más adecuado y comprensible (de ahí el cambio). Por ello "El Cielo de las Ciencias" es abierto en este modesto espacio como un arma del conocimiento en el combate por el devenir...
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