domingo, 22 de julio de 2007

La Relación Sujeto / Objeto en Investigación en Ciencias Sociales

Preliminar.

El método de exposición – de la presente comunicación - consistirá en establecer una serie de consideraciones acerca de la temática en estudio, para luego reflexionar acerca del alcance y sentido de sus contenidos…

En una primera consideración en el terreno de la investigación - de las ciencias en general - afirmamos que no existe una relación unidireccional entre un Sujeto Activo llamado el investigador, la comunidad, la asociación o el grupo que investigan y su ‘objeto’, la población o campo de investigación que ocuparía un ‘lugar pasivo’ en las manos del experimentador.
Ya Francis Bacon alertó a comienzos del Siglo XVII: “Hay que dominar a la naturaleza obedeciéndola”[1]
En segundo lugar, nos preguntamos ¿cuáles son las razones por las que cobra tanta relevancia la idea de objetividad, cuando hablamos de conocimiento científico?. En tercer término, también a modo de interrogación: ¿Cuánta necesidad comporta para las ciencias o para cualquier actividad del conocimiento humano la idea de objetividad?. ¿Responde a una necesidad determinada por las características ontológicas de naturaleza y sociedad u operacional?. Posteriormente, abrimos un último interrogante planteándonos las consecuencias que tendría para las ciencias la eliminación de lo que consideramos falsa idea - ésta que ostenta el nombre - de objetividad. Finalmente, abordamos hipotéticamente las derivaciones que conllevan los cambios señalados - que constituyen a juicio del autor ‘una ciega y soterrada’ revolución filosófica en el pensamiento de occidente - en medio de algunos de los rasgos del ‘clima’ filosófico actual.

Objeto y Objetividad

Detrás de las razones acerca de la realidad en las ciencias siempre se esconden profundas implicancias ideológicas; no podría ser de otra manera. Es en la superestructura donde se dirime la entidad del saber y su alcance, y el alcance del conocimiento no es ni ha sido un ámbito neutro a lo largo de la historia de las ciencias en occidente.

Si tomamos como ejemplo un campo de las ciencias y su investigación aplicada; como es el caso de la física de los Siglos XIX y XX, veremos – aquí - que no existe experiencia en la cultura occidental donde se hayan puesto mayores recursos y mayores esfuerzos que en la búsqueda del ‘objeto último’ (partícula) del cual estaría constituido el universo… Este presupuesto ontológico en el terreno de la física, disciplina que exhibe un status incuestionable en los ambientes académicos acerca de la cientificidad de sus saberes, comporta una enorme carga ideológica que afecta directamente los dominios teóricos de todos los campos del saber en general y de las ciencias sociales en particular…

Es en los momentos de crisis donde ‘se ve’ con mayor claridad el ‘trasfondo ideológico’ de esta obsesión:

“La crisis de la humanidad se debe a tres hombres: Hacia fines del Siglo XIX, Marx publicó tres tomos de “El Capital” y puso en duda con ellos la intangibilidad de la propiedad privada; a principios del Siglo XX, es atacada la sagrada esfera intima del ser humano por Freud, en su libro “La Interpretación de los Sueños”, y como si fuera poco para problematizar el sistema de los valores positivos de la sociedad, Einstein, en 1905 hace reconocer la “Teoría de la Relatividad”, donde pone en crisis la estructura estática y muerta de la materia”[2].

Un hombre de ciencias (Einstein: ¡qué hombre! y ¡qué ciencia!) se atrevió a poner en duda “la estructura estática y muerta de la materia”… Para que exista el orden en sentido absoluto debe existir un objeto estático… Muerto… La posibilidad del orden responde a una consideración ontológica, una supuesta ontología de la realidad. Es la necesidad del sujeto que se apoya en una afirmación acerca de la naturaleza del ente último del cual estarían formadas todas las cosas.

Los presupuestos ontológicos acerca de una supuesta objetividad de las ciencias naturales - imposibles de lograr en las ciencias sociales - tienen como raíz la matriz cartesiana que estableció la división de la naturaleza en dos mundos separados: el de la mente y el de la materia, siendo el segundo posible de describir objetivamente con independencia del observador. Intentará A. Comte someter a todas las ciencias al molde de las ciencias naturales con su “Fisicalismo Social” y a comienzos del Siglo XX el Positivismo Lógico emprenderá la tarea de construir un programa para todas las ciencias basados en la matemática de Russel y los principios lingüísticos de la filosofía de Wittgenstein, edificio en el que las Ciencias Sociales ocupan sólo un lugar vinculado a la eticidad. El fin del derrotero ideológico de la filosofía positivista lo consumará Popper, quien será el ‘gran cruzado’ contra la tradición historicista y las ciencias humanas en general. Popper relegará sin más trámite al historicismo al rincón de las seudociencias, junto al materialismo histórico, el psicoanálisis y la astrología (cfr. Popper, K.. 1984). ¿Es una casualidad?...: ‘Universos’ del conocimiento que tienen que ver con el destino histórico del sujeto, de la humanidad…

¿Por qué desde las Ciencias Sociales debiéramos detenernos tanto en destejer toda esta urdimbre?: Primero porque debemos aprender de quienes hicieron época en el campo de las ciencias sociales: Es en su Tesis doctoral: “Diferencia entre la Filosofía de la Naturaleza de Demócrito y Epicuro” donde Marx encuentra sus primeros fundamentos acerca de la posición de la filosofía ante la actividad práctica. “Tenía en alta estima a Epicuro, viendo en el a un gran pensador ilustrado de la antigüedad, que frente a la religión que oprime al hombre levantaba una filosofía encaminada a emancipar el espíritu humano”. Lenin escribió “Materialismo y Empiriocriticismo” antes que “Las Tesis de Abril” y “El Estado y la Revolución” (una obra dedicada a los fundamentos filosóficos en las ciencias). La autoridad intelectual de los revolucionarios rusos estuvo dada primero por su idoneidad en el terreno de las ciencias naturales. En una sociedad ‘mercantilista’ es ‘natural’ que el escenario de relevancia del saber esté centrado en las ciencias ligadas a la producción para el mercado.

Ontología y Realidad

¿Cuánta necesidad comporta para las ciencias o para cualquier actividad del conocimiento humano la idea de objetividad?. ¿Responde a una necesidad determinada por las características ontológicas de naturaleza y sociedad u operacional?.

Después de más de un Siglo de ingentes esfuerzos e infinitos recursos, en su intento por atrapar la última manifestación de la materia (partícula), la realidad ha dado un revés a la ‘pretensión ideológica’ de los físicos de occidente. ¿Cuáles son las conclusiones gnoseológicas que extrae – de la experiencia señalada - la física subatómica o cuántica en la voz de sus hombres de renombre (David Bohm): “la materia a nivel subatómico no existe en determinados lugares sino que muestra tendencia a existir” (Capra, 1984). La ‘desaparición’ de la materia de los parámetros con los cuales se concebía su existencia lleva a los físicos a deducciones agnósticas; cuando lo que ha desaparecido no es la materia sino que las cualidades de su existencia en determinadas condiciones se hace ‘invisible’ a la tecnología y a los patrones de observación (que persisten en la premisa del ‘objeto’ último – partícula-) con que cuentan los físicos hoy.

Los áridos patrones de conocimiento que nos ha impuesto la ideología dominante en occidente, en la lucha obsesiva de sus ideólogos en el escenario de las ciencias por demarcar áreas del saber, que jerarquizan a las ciencias ligadas a la producción para el mercado y estigmatizan a las ciencias ligadas al destino del sujeto social (la humanidad) fragmentan el conocimiento, aíslan los campos de producción e investigación y desvinculan a las comunidades. Este sesgo ideológico del pensamiento dominante es perjudicial no sólo desde un punto de vista gnoseológico sino al entero destino de la humanidad.

Falsa Idea: La Objetividad… Otro Escenario para la Realidad…

¿Si derribamos esta falsa idea de objetividad?, como objeto inerte, ¿sí asumimos la realidad como entidad eternamente mutable, en perpetuo cambio y proceso?. ¿Necesariamente caemos en el relativismo? (no es lo mismo el relativismo que comporta un posicionamiento filosófico, que la relatividad como teoría). Nada de esto ocurriría, todo lo contrario ajustaríamos más nuestro bagaje teórico a la realidad. Los presupuestos acerca de la objetividad sufren una inadecuación ontológica con el ámbito de la realidad…

Los tratados metodológicos, epistemológicos y teóricos en general no se han detenido en el problema que presenta el mal llamado objeto del conocimiento; asimismo las definiciones que nos ofrece la historia de la filosofía y las diversas escuelas filosóficas desarrollan sus consideraciones desde el lado activo por excelencia: el sujeto. Una ontología del ‘objeto’ daría cuenta de la imposibilidad de de la objetividad en términos de una entidad última que responda a las premisas de ente inmutable, inerte; como les fue dado a los físicos en su pretensión material (partícula).

La necesidad de previsibilidad, ejercicio teórico y actividad práctica – operacional - en las ciencias o en cualquier esfera de la actividad humana, no requiere de la ecuación: objetividad - realidad – verdad… A finales del año 2005 el plantel de profesores de la facultad de Ingeniería de la Universidad nacional del Comahue hizo público su propósito de cambiar los objetivos de los planes de estudio; consideraron - los miembros de este ámbito académico - que los ejes que habían guiado hasta el presente la formación académica del estudiantado eran erróneos. La nueva ecuación – nos anuncian - será:

Abandonar la noción de lo ABSTRACTO / EXACTO hacia la idea de LO CONCRETO APROXIMADO…

La propuesta académica de ingeniería representa un cambio sustancial que debemos valorar porque está acorde con un nuevo clima filosófico que comienza a revertir toda una tendencia histórica fragmentadora…

El presente perpetuo a que nos condena el pensamiento dominante – pensamiento único – está estrechamente vinculado a esta pretendida ‘raíz ontológica’ a la que hemos aludido y a las derivaciones gnoseológicas que ciñen el saber a una rígida y artificial objetividad, es decir, sólo ideológica. La reversión de este escenario estéril avanza ‘a ciegas’[3] desde los mismos centros académicos del poder: la literatura más renombrada que emerge de la filosofía e historia de las ciencias llama a reencantar el mundo (cfr. Prigoyine: 2 – 1990)… Algo ha perdido el mundo de ‘la ciencia’ - y el mundo en general - con la ideología liberal: ha perdido el sentido, su dimensión teleológica que debe volver a encontrar…

En el orden de las supuestas ‘entidades primarias’ la naturaleza nos muestra una entidad dual procesual, sometida a perpetuo cambio, donde se hace imposible operar con las premisas de objetividad – realidad- verdad; Pero, ello no impide que las ciencias y los laboratorios sigan operando sin detener la producción en los campos de la cibernética, robótica, genética, etc.

Derivaciones fundamentales:

Escapa a las posibilidades de este trabajo el desarrollo de las derivaciones fundamentales que entiendo ocupan gran parte de la filosofía e historia de las ciencias actuales, sólo señalaremos algunas observaciones de un problema que prometemos desarrollar en un trabajo posterior. Pero, si atendemos al requerimiento de las ciencias físico/químicas - que han sido las ciencias campeonas de la emancipación del pensamiento de occidente - al exigir como premisa del saber el abandono del artificio ideológico que señalamos, se abren, como natural derivación gnoseológica, las premisas teóricas ligadas a la tradición historicista que concibe naturaleza y sociedad como un todo procesual sometido al perpetuo cambio histórico. Es decir, los cánones teóricos de la vieja dialéctica como ciencia del cambio y la transformación de naturaleza y sociedad.

No es una casualidad que haya sido un físico teórico y norteamericano (la sociedad que ha desarrollado en mayor grado ciencia y tecnología en el planeta) quien haya señalado un paralelo estrecho en el proceso de desarrollo de las Revoluciones Científicas y las Revoluciones Políticas (cfr. Kuhn, T. ERC: 1982). En Thomás Kuhn se evidencia ‘el reclamo de la historia real’ de unir la humanidad a la naturaleza, que constituye un proceso que está por sobre la voluntad de la comunidades científicas y se impone como ley del desarrollo histórico…

Las ciencias en nuestro mundo han sido despojadas de sentido, de los fines de su existir, de la dimensión más elevada en su carácter antropocéntrico; rasgo que estuvo presente en toda formación social precedente, incluso en su periodo más oscuro la humanidad no perdió la dimensión teleológica de su existir: la Edad Media contó con el Cielo del devenir creado por la Religión Cristiana e inmortalizado por Dante Alighieri en la “Divina Comedia”. Los griegos contaban con una portentosa región celeste poblada de dioses que regían rigurosamente el destino de las almas en la vida y la muerte. La cultura dominante posmoderna y liberal ha producido lo que ninguna otra en cualquier tiempo y lugar del planeta, esto es, un árido escepticismo sin otro horizonte que su propia y desgarrada sociedad sin porvenir.

Las ideas kuhnianas (paradigmáticas) han constituido toda una revolución en las ciencias de occidente. A juicio del autor, las premisas de Kuhn devienen de la tradición historicista y están influenciadas por la tradición dialéctica del Materialismo Histórico: ésta es la esencia del fenómeno del cambio que describe el autor de la ERC entre ciencia normal y episodios revolucionarios, a los que compara con el proceso revolucionario en las comunidades políticas. La expresión – Paradigma – es atractiva por su carácter sintético y multifacético a la vez. Pero, entendemos aquí que no es más que una derivación popularizada, menos rigurosa (vulgarizada) de la matriz historicista; porque nos preguntamos: ¿cuán alejada está – la concepción de paradigmas - de la matriz teórica que componen los modos de producción vs. las relaciones de producción, su dinámica de transformación y cambio?...

No existe ámbito en la producción de conocimientos, sea las ciencias, la literatura o las artes en la que no se hayan hecho presente las ideas de paradigmas. Constituye un triunfo objetivo de la tradición historicista y de las ciencias ligadas al destino histórico de la humanidad y a la producción social de su existencia. Por ello, los paradigmas de la física pueden ser fenomenales herramientas para enseñar la lectura en niños de jardín (cfr. Dubois, ME: 1995), las comunidades políticas (que verdaderamente hacen ciencia de la praxis y la transformación) deberán aprender de las comunidades científicas, las ciencias deberán recuperar su dimensión simbólica, estética y política inherente a sus aspectos sutiles de resolución. Entonces, hablar de futuros mundos posibles no será patrimonio exclusivo de la astronomía, sino la obra necesaria de las ciencias de la sociedad en la búsqueda eterna y universal de un mejor destino para la humanidad. Dice Montesquieu: “Cabría mayor absurdo que pensar que los seres inteligentes fuesen producto de una ciega fatalidad? (…) las leyes en su más amplia significación son las relaciones necesarias que se derivan de la naturaleza de las cosas”.[4] Decimos al final: tampoco el destino puede estar signado por el azar.

[1] BACON, Francis, “Novum Organum”, Ediciones Folios, SA, Barcelona, España, 1999.
[2] Almirante Emilio Massera, jefe de la Armada Argentina: declaraciones al Diario La Opinión, 26 de Noviembre de 1977.
[3] Nota del autor: “A ciegas”: significa que no forma parte de un programa. Como lo muestra Ingeniería de la UNCO. Se abandona un ‘paradigma’ que presenta una ‘estructura falsa’, ideológica, artificial (abstracto/exacto) a cambio de otro (Concreto/aproximado) más acorde con la realidad y su faceta operacional.
[4] MONTESQUIEU, D’ Secondat, Charles Louis, “Del Espíritu de las Leyes I”, Ediciones Orbis, SA, Barcelona, España, 1984, pagina 31.

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